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La colección

Juan Navarro Baldeweg

Santander, 1939

El título Viento y lluvia II induce a reconocer entre estos vigorosos trazos pictóricos unas figuras que identificamos con unos árboles combados por el viento sobre los que unas líneas inclinadas cobran la cualidad simbólica de gotas de lluvia. El tema del cuadro es, por lo tanto, un paisaje que continúa aquella tradición romántica de la representación simbólica de las fuerzas indomables de la naturaleza que anegaban los campos o doblegaban los árboles ante la pasmosa impotencia del hombre.

"Viento y lluvia II", 1983-1986
Viento y lluvia II, 1983-1986

Pero este cuadro va mucho más allá, ya que este paisaje lluvioso tiene su origen en la tradición de aquellos Ukiyo-e, grabados japoneses que, al representar la lluvia, lo hacían siguiendo unas reglas idealizadas, como una trama de líneas paralelas inclinadas que velan la imagen del paisaje. Juan Navarro Baldeweg, gran admirador de este tipo de representaciones en las que los elementos del paisaje no están colocados siguiendo una jerarquía visual, sino según relaciones poéticas, se sirve de estas ideas y recursos compositivos japoneses pero los reinterpreta a través de la experiencia del expresionismo. En este sentido, la pastosidad de la pintura al óleo recuerda los experimentos de Vasili Kandinsky cuando pintaba los paisajes de Murnau, en los que las masas de color se liberan de las figuras y cobran valor significativo autónomo.

Negros y amarillos, azules y verdes ocupan en este cuadro una posición con independencia de las figuras que representan, siguiendo un ritmo pulsional que viene marcado por las líneas oblicuas de la lluvia que dejan, a su vez, de ser trayectorias de gotas para convertirse en una trama geométrica que, superpuesta a los brochazos expresionistas, confiere un orden dinámico al conjunto.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.