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La colección

Guillermo Pérez Villalta

Tarifa (Cádiz), 1948

Fue cuando todavía era estudiante de arquitectura –nunca llegaría a terminar la carrera– cuando Guillermo Pérez Villalta empezó a pintar. Las obras más antiguas que conocemos de él son de carácter geométrico. En su primera individual (celebrada en la Sala Amadís de Madrid en 1972), Pérez Villalta ya adoptaba una actitud militantemente figurativa, relacionable con las de sus amigos y compañeros de aventuras y provocaciones Rafael Pérez Mínguez, Carlos Alcolea y Carlos Franco. Al igual que los otros tres miembros de este singular cuarteto madrileño, Pérez Villalta comenzaba entonces a definir un proyecto deudor en parte del pop, pero que iba más allá, en la medida en que cuestionaba la historia lineal del arte moderno.

"La estancia", 1982-1983
La estancia, 1982-1983

A lo largo de los años 1975 y 1976 Pérez Villalta pintó Grupo de personas en un atrio o alegoría del arte y la vida o del presente y el futuro, retrato generacional en la tradición de las escenas de taller del siglo xix. En 1979, Escena. Personajes a la salida de un concierto de rock simbolizó su identificación con el Madrid de la "movida". Ambos están hoy en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Pérez Villalta fue uno de los primeros artistas jóvenes en gozar de un amplio reconocimiento. En 1983 se celebró una retrospectiva en las Salas Pablo Ruiz Picasso de Madrid. En 1985 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas.

En La estancia están todos los "ingredientes" que conforman el universo de Pérez Villalta: renacimiento y manierismo, trompe l’oeils y figuras imposibles, capacidad narrativa, autobiografía, narcisismo, citas culturales, confusión entre la realidad y su representación, interés por el paisaje del sur y por el estilo neomoderno de la Costa del Sol. El pintor se autorretrata en el personaje desnudo y meditabundo de la izquierda, junto al que hay una copa vacía tirada en el suelo, y en cuya cabeza una de las dos figuras representadas en el mural que ocupa el centro del cuadro se dispone a colocar una corona de espinas, que nos recuerda que en una ocasión el pintor se había figurado bajo los rasgos de Cristo en la obra Cristo en la columna (1980). También es un autorretrato el otro personaje, tumbado a la derecha, de espaldas al espectador, en una cama de colchón neomoderno y abigarrado, junto al que, sobre una paleta, reposa una copa con vino. A la derecha, se sugiere un paisaje mediterráneo. En el mural, un cordero atravesado por una flecha.

Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.