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La colección

Daniel Quintero

Málaga, 1949
Niño irlandés, 1980
Niño irlandés, 1980

A comienzos de los años setenta el nombre de Daniel Quintero, que en la Escuela de Bellas Artes de Madrid había sido alumno de Antonio López García, empezó a destacar como el de uno de los artistas jóvenes que habían renunciado a los caminos de la vanguardia. Sin embargo nunca ha sido demasiado amigo de grupos, y ha tenido siempre tendencia a aislarse, ya sea en el extranjero —durante parte de los años setenta residió en Gran Bretaña e Irlanda—, ya sea dentro del propio Madrid.

En los últimos años, Daniel Quintero ha pintado una serie de retratos penetrantes y raros, que no tienen nada que ver con lo que en nuestro país y en las últimas décadas se ha solido entender convencionalmente por retratos. Citemos el de Juana Mordó —un dibujo de gran formato—, el del cineasta Pedro Almodóvar o la serie Las cuatro estaciones, en las que los modelos son travestis. Sus composiciones más ambiciosas, como En el metro (1972), como Ventanas (1982-1983) o como Los coleccionistas de pájaros (1983-1984) son asimismo ejemplos señeros de su producción de madurez, que produce una extraña mezcla de quietud y de desasosiego. Aunque casi siempre pinta figuras, no hay que olvidar que es autor de algunos excelentes bodegones y de agudos aguafuertes en los que representa rostros o árboles.

Niño irlandés es un dibujo en el que brillan las cualidades habituales de precisión y de misterio de Daniel Quintero. Por la luz que reina en él, y también por la sensación de equilibrio que produce, tiene algo de los mejores cuadros de Georges de la Tour.


Juan Manuel Bonet

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.