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La colección

Albert Ràfols Casamada

Barcelona, 1923

Nacido en el seno de una familia de artistas –su padre fue un conocido pintor noucentista–, Albert Ràfols- Casamada ha heredado un profundo amor y respeto por la pintura, que se hace evidente en la limpieza, elegancia y mesura de sus obras, siempre reposadas, amables y sabias. Su pintura se apoya sólidamente en una pureza estructural, regida por formas ortogonales que construyen el espacio del cuadro, y en un color luminoso que genera unas masas gaseosas, sin aristas, que cobran autonomía desbordando la estructura original. Esta situación tiene su origen en el doble interés que ha experimentado Ràfols-Casamada por los pintores Piet Mondrian y Mark Rothko y, tal vez, en el propio antagonismo de la personalidad del pintor, dotado a la vez de una sólida formación intelectual y de un hálito poético.

"Pleniluni (Espai nocturn)" [Plenilunio (Espacio nocturno)], 1983
"Pleniluni (Espai nocturn)"
[Plenilunio (Espacio nocturno)], 1983

Pleniluni (Espai nocturn) es un buen ejemplo de esta equilibrada tensión. En la mitad izquierda se hace evidente una estructura ortogonal que divide el cuadro en dos superficies diferenciadas. A esta estructura se superponen unas líneas quebradas que confieren dinamismo a una escena que, en su conjunto, parece ser un espacio íntimo, tal vez un rincón del estudio del pintor invadido secretamente por la luz de la luna llena. Pero el elemento que protagoniza esta pintura no es ninguna de las figuras que esquemáticamente sirven de leitmotiv a la ejecución del cuadro, sino el color. Ese color azulado, de luz lunar que inunda el escenario rielando por el contorno de los objetos y provocando gradaciones y transparencias. Los cuadros de Ràfols-Casamada siempre hacen alarde de estos colores azules, rosados, malvas o blanquecinos, apagados y silenciosos, que invitan al espectador a una contemplación serena y apacible.

Javier Maderuelo

A finales de los años cuarenta, Albert Ràfols-Casamada, que estaba entonces en la órbita del cubismo tardío, partió de una figuración cuyas formas se descomponen en facetas para ir simplificando progresivamente los elementos del cuadro hasta llegar a una abstracción en la que se han perdido las referencias al motivo que origina la idea del cuadro. Lo que queda entonces en sus pinturas es la estructura y el color. Ambos elementos son fundamentales y, como tales, extremadamente cuidados por el artista.

"Nausica", 1989
"Nausica", 1989

Solemos reducir la percepción de la pintura al reconocimiento de imágenes y por eso algunos artistas como Ràfols- Casamada, Joan Hernández Pijuan o Jordi Teixidor han realizado un intento por separarlas de la pintura, poniendo en evidencia lo que esta tiene de sensorialidad por encima de lo meramente visual, acentuando el cómo se pinta. Esto ha conducido a enfatizar las cualidades plásticas de la obra haciendo evidentes la pastosidad de la pintura, el recorrido de la pincelada, las cualidades de la textura, en pocas palabras, la forma de pintar, que se convierte en el verdadero tema de la pintura. Ràfols-Casamada, en cuadros como Nausica, no renuncia a la insinuación de un supuesto tema, que se hace explícito solo en el título. En este caso se nombra a la ninfa Nausícaa (manteniendo la ortografía del poeta Joan Maragall) que rescata a Ulises en su viaje de regreso a Ítaca. Este título le sirve como motivo metafórico para dar un sentido mediterráneo a una composición armoniosa en su estructura y de una sobriedad que podríamos calificar de clásica en su colorido. Líneas verticales y horizontales, trazadas con gesto seguro y lírico, se ordenan sobre un par de cuadrados en los que grandes pinceladas definen unos campos de color en tonos cálidos.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.