Inicio > Arte > Cuenca > La Colección > 

La colección

José María Sicilia

Madrid, 1954

El caso de José María Sicilia es sorprendente. Desde las primeras exposiciones su pintura llamó la atención poderosamente y se introdujo en los circuitos internacionales más selectivos. Se trata de obras de gran formato realizadas con gesto largo y pincelada suelta que parecen extenderse por la superficie del cuadro sin inhibición, en todas las direcciones, generando una suerte de espacio caótico y desordenado sobre el que aparecen silueteadas diferentes figuras, como sucede en este Bricolaje 3, óxido amarillo. Sobre un fondo complejo y agresivo, ejecutado con una técnica matérica, podemos ver el contorno dibujado de tres herramientas de bricolaje, un martillo, unos alicates y unas tenazas, insinuadas con trazo enérgico y espontáneo. A pesar de la fuerza y presencia de esas siluetas, las pinceladas que conforman el fondo y las texturas que generan resultan más atractivas que el tema mismo del cuadro que se puede interpretar como un conjunto anodino de figuras que enseguida se comprende que están ahí como un simple pretexto para poder pintar.

"Bricolaje 3, óxido amarillo", 1984
Bricolaje 3, óxido amarillo, 1984

Efectivamente en esta época, Sicilia, que no pretende contar historias ni se interesa por las anécdotas, se servía de temas intrascendentes, como objetos cotidianos o siluetas de edificios y monumentos conocidos que reiteraba en series de cuadros, lo que le permitía distanciarse del modelo para centrarse en la pintura. Se aprecia en los cuadros de la primera época, a la que este pertenece, una tendencia a la construcción esquemática y una técnica fogosa que parece contradecir su voluntad de ordenación, así como una influencia del neoexpresionismo que llegaba desde Alemania y que se hace evidente en las superficies muy trabajosamente elaboradas, en los colores ácidos y en los contrastes violentos.

Javier Maderuelo

En los años ochenta, una vez superadas las discusiones antagónicas entre el arte figurativo y el arte abstracto, los pintores de la generación de José María Sicilia se vieron liberados tanto de representar objetos como de idear espacios sin referencias. Ello les permitió dedicar sus esfuerzos creadores al propio acto de pintar, trabajando con formas y colores sin necesidad de preocuparse de fijar anécdotas o definir detalles, reales o imaginarios, permitiéndose mezclar lo abstracto, lo figurativo y lo concreto, lo geométrico y lo gestual, como se aprecia en este cuadro.

"Red Frame Flower" [Rojo marco flor], 1986
Red Frame Flower [Rojo marco flor], 1986

En un contexto supuestamente abstracto, el pintor sitúa unas figuras concretas: una trama reticular, un cuadrado rojo, una rígida línea vertical negra y una cinta ondulada que cambia de color, elementos plásticos aparentemente carentes de significación para cuya interpretación hay que recurrir al título Red Frame Flower. Lo que parecen recursos plásticos tomados tanto de la abstracción geométrica como gestual configuran una enorme flor en la que la línea negra corresponde al tallo, el cuadrado al carpelo y la línea ondulada al contorno de los pétalos.

La importancia de este cuadro no radica en el tema, que es aparentemente banal, ni en la manera ecléctica de resolverlo, sino en que inaugura una amplia investigación plástica, desarrollada por medio de series de lienzos de gran formato, en la que elabora la imagen de la flor, tan querida para pintores como Henri Matisse o Emil Nolde, que se convierte en uno de los escasos rastros figurativos que separan su obra de la abstracción completa.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.