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La colección

Susana Solano

Barcelona, 1946

Una de las protagonistas del súbito interés por la escultura en España, surgido a partir de los años ochenta, es Susana Solano, quien ha conseguido un progresivo reconocimiento internacional con su sorprendente capacidad para formalizar volúmenes rotundos y enérgicos que definen nítidamente un espacio y que, a pesar de poseer un tamaño no muy grande, consiguen un carácter monumental.

"Colinas huecas número 7,", 1984
Colinas huecas número 7, 1984

El éxito de su escultura se ha fraguado con unos trabajos realizados en hierro, que se consolida en una serie de contundentes piezas, titulada Colinas huecas, construidas mediante los procedimientos de plegado y soldado de chapones de hierro, procedimientos que hoy la industria realiza con impecables acabados gracias a la maquinaria pesada, pero que Solano rehúsa para servirse de medios artesanales que confieren a su obra un carácter tosco y rudo al dejar en ella la huella de la mano y de las herramientas manejadas por la artista, lo que dota a su trabajo de una expresividad característica.

El tema de esta serie de obras no deja tampoco de ser sorprendente: unas colinas, es decir, la representación de un paisaje, género novedoso y difícil para un arte como la escultura, que en los años ochenta estaba replanteando su concepto y su esencia ante la avalancha de nuevos comportamientos artísticos que reclamaban ser presentados bajo el género escultura. Se aprecia en las obras de esta época un juego retórico entre lo lleno y lo vacío, lo macizo y lo hueco, lo cóncavo y lo convexo, que Solano resuelve realizando estos caparazones metálicos que, por una parte, hablan de experiencias de la propia artista con el paisaje y que, por otra, la unen a una tradición escultórica de la que su paisano Julio González es clara referencia.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.