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La colección

Antoni Tàpies

Barcelona, 1923 – 2012

Antoni Tàpies es, entre los artistas españoles de la segunda mitad del siglo xx, el más conocido internacionalmente, por las exposiciones individuales –realizadas en las más importantes salas–; por la obra en permanencia en los más prestigiosos museos, y por la cantidad de monografías publicadas fuera de nuestras fronteras. La razón de este reconocimiento se apoya en la contundencia de un trabajo que parece descansar en un motivo temático aparentemente simple: el muro.

"Color terrós sobre fons groguenc", 1954-1955
Color terrós sobre fons groguenc [Color terroso sobre fondo amarillento], 1954-1955

A principios de los años cincuenta Tàpies, siguiendo los pasos de Jean Dubuffet, comenzó a entender el espacio del cuadro como si fuera una pared sobre la que se puede pintar, rayar, raspar, clavar y encolar, como sucede en cualquier muro urbano. Pero en su trabajo se aprecia también una preocupación próxima a la de Alberto Giacometti cuando se plantea la evidencia de lo real, de manera que la pintura deja de ser una fina capa que tiñe la tela para convertirse en costra material, en materia real, tan real como la tierra que se muestra en esta obra. Así, sus cuadros dejan de ser espacios que sirven para generar la ilusión de figuras y lugares y se convierten en superficies que ofrecen al artista la posibilidad de trazar signos o de adherir objetos.

Color terrós sobre fons groguenc es un cuadro de esta época en el que vemos exactamente lo que el título indica, un fondo amarillento y rojizo, más o menos liso y satinado, en el que destacan unas partes más terrosas y arenosas y otras materias que han sido previamente mezcladas con colas y con la propia pintura al óleo para conseguir provocar la sensación de una materialidad física y, si se quiere, real.

Javier Maderuelo

Desde sus más remotos orígenes el arte de la pintura se ha basado en la simulación ilusionista de mitos y en la representación de héroes, sin embargo, durante el siglo xx, los pintores han pretendido conseguir una autonomía con respecto a las historias literarias buscando la especificidad de lo pictórico en sus propios elementos, como las superficies, las masas de color, las cualidades cromáticas o las texturas, con el fin de configurar un lenguaje expresivo autónomo.

Antoni Tàpies, que se inició como pintor siguiendo los pasos del surrealismo, comprendió muy pronto esta necesidad y desde los primeros años cincuenta comenzó a indagar en los valores netamente plásticos, muy particularmente en las texturas y los colores.

"Blanc i rosa" [Blanco y rosa], 1964
Blanc i rosa [Blanco y rosa], 1964

Desde 1910 diferentes artistas europeos comenzaron a pintar cuadros sin figuras ni escenarios reconocibles, que denominaron "abstractos". Sin embargo, para algunos de esos artistas el término "abstracto" parecía tener connotaciones excesivamente filosóficas o ser pretencioso, por lo que prefirieron calificar sus obras de "concretas" e incluso de "realistas". Estos dos calificativos parecen muy pertinentes para definir las obras de Tàpies que se hallan en este museo y muy particularmente para entender Blanc i rosa. Esta obra es "concreta" en cuanto que no hay más que lo que en ella se ve: una tela arrugada, cubierta de color rosado, pegada sobre un lienzo de color blanquecino; y es "real" en cuanto que aquí, utilizando solo esos elementos, no se intenta simular la apariencia de ninguna otra cosa ajena a ellos mismos, como hace el tipo de pintura que, por contraposición, se ha dado en llamar "figurativa".

Javier Maderuelo

Las primeras tentativas abstractas de Antoni Tàpies datan de los años 1946 a 1948 y figuran entre las primeras de ese signo que se realizaron en nuestro país. Tàpies dejó entonces atrás lo aprendido para adentrarse en un territorio extraño totalmente distinto a cuanto se hacía a su alrededor. Cartones, cuerdas, cruces de papel de periódico constituían un contrapunto a la ampulosa estética reinante, como un manifiesto en favor de las cosas más humildes e insignificantes.

Vino luego un tiempo de sueños, de misterios, de nocturnos y lunas inquietantes, de autorretratos: el tiempo de la revista Dau al Set y del decisivo encuentro con Joan Miró. Tàpies cultivaba entonces una imaginería surrealizante.

"Pintura-collage rosada", 1964
Pintura-collage rosada, 1964

A partir de 1953 comenzó a construir otro universo plástico prescindiendo de los aspectos más literarios de la pintura que realizaba en la época de Dau al Set e instalándose por siempre en una región de silencio, de abstracciones austeras, despojadas, sobrecogedoras, en las cuales la materia desempeña un papel importante. En cierto modo, algunos aspectos de la obra que empezó a realizar entonces estaban ya prefigurados en los collages de mediados de los años cuarenta.

A partir de 1953 comenzó a construir otro universo plástico prescindiendo de los aspectos más literarios de la pintura que realizaba en la época de Dau al Set e instalándose por siempre en una región de silencio, de abstracciones austeras, despojadas, sobrecogedoras, en las cuales la materia desempeña un papel importante. En cierto modo, algunos aspectos de la obra que empezó a realizar entonces estaban ya prefigurados en los collages de mediados de los años cuarenta. Desde 1955 la evolución fue mínima. Si acaso cabe señalar una inflexión figurativa en los años sesenta y una reflexión sobre el objeto en los setenta. Sin abandonarlas nunca del todo, en los últimos años a menudo arrinconó sus tierras características, para trabajar con esos barnices transparentes que constituyen el soporte de Celebració de la mel [Celebración de la miel] (1989) y otras obras de ese año.

En 1990 se inauguró la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, entre cuyos propósitos figura el de dedicar una especial atención a la cultura de Extremo Oriente, básica para entender el proceso de trabajo del artista.

Pintura-collage rosada es una obra delicada y a la vez de fuerte presencia objetual. Durante los años sesenta y setenta, Tàpies se interesó, más que en ningún otro momento de su trayectoria, por el tema del objeto de uso cotidiano, que unas veces se incorporaba a la textura del cuadro y otras era aludido en términos figurativos. Los dos grandes protagonistas del cuadro son la materia, que podría ser la de un objeto manufacturado por el que hubiera pasado el tiempo, y el color

Juan Manuel Bonet

Es muy fácil caer en la tentación de paliar el horror al vacío intentando colmar la obra con todo tipo de signos, figuras, objetos o elementos, como hicieron muchos artistas en el Barroco; es también muy tentador pretender mostrar en cada obra todos los conocimientos y recursos que, con la experiencia de los años, se han adquirido, lo que suele conducir al vicio de una pedantería insufrible. Una de las claves para entender de qué manera Antoni Tàpies se ha librado de estas dos tentaciones es conocer su interés por el mundo oriental y, en particular, por el zen, esa doctrina que predica el despojamiento de lo superfluo y la contemplación de lo insignificante.

"Línia discontínua" [Línea discontinua], 1967
Línia discontínua [Línea discontinua], 1967

Efectivamente, no es difícil encontrar en cuadros como Línia discontínua una influencia de la estética de la contemplación zen, que tendría su máxima expresión en algunos jardines, como el de Ryōan-ji, en Kioto. En este jardín de finales del siglo xv, que carece de plantas, apenas hay cinco grupos de piedras rodeadas de un tranquilo mar de grava blanca regularmente rastrillada. Ante este espectáculo de despojamiento el monje budista puede meditar sin grandes distracciones, pero también puede ejercitar sus sentidos en la apreciación de pequeños matices que surgen del rastrillado de la grava o en el musgo de las piedras. De manera parecida, aunque salvando ciertas distancias culturales, este cuadro permite la contemplación de una textura blanca, suavemente rastrillada, en la que se aprecian dos acontecimientos casi insignificantes, una línea rojiza discontinua en la parte superior y un desgarrón, apenas un signo gestual, en el ángulo derecho. Aquí, todo invita a una contemplación sosegada.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.