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La colección

Jordi Teixidor

Valencia, 1941

Casi al inicio de su carrera, en 1966, Jordi Teixidor entró en contacto con los pintores de Cuenca a través del Museo de Arte Abstracto Español, beneficiándose del contacto con Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda. La influencia de estos artistas le permitió abandonar sus iniciales incursiones en el arte pop y sumergirse en el mundo de la abstracción, dentro de la que irá evolucionando a través de una sucesión de influencias: el arte minimal, la pintura del grupo Supports-Surfaces, hasta afianzarse, posteriormente, en la práctica de una pintura pura basada en la fruición de la pincelada y en el óleo como materia dúctil y untuosa. Sus cuadros, de un orden sereno, realizados como campos de color muy amplios, formados por la acumulación de pequeños matices muy próximos que provocan una cierta vibración, parecen a primera vista fáciles pero inmediatamente se comprueba que son obras anímicas y pasionales, construidas por pinceladas que tejen una trama en la que palpitan evocaciones líricas.

"Pintura rosa y naranja", 1976
Pintura rosa y naranja, 1976

Pintura rosa y naranja es un cuadro paradigmático de este tipo de pintura en la que no es necesario buscar ningún pretexto para pintar ya que el propio cuadro parece sugerir cómo debe ser aquello que va a mostrar para la delectación del espectador. Así, en esta obra Teixidor parte de dos lienzos iguales de forma cuadrada que al ser colocados juntos muestran su línea vertical de tangencia. El artista marca entonces dos líneas más, también verticales, que acotan una amplia área central, insinuando así una idea de orden. Los dos colores, el rosa y el naranja, provocan suaves gradaciones tonales capaces de sugerir cierto movimiento que vibra de arriba abajo y de izquierda a derecha.

Javier Maderuelo

El crítico norteamericano Clement Greenberg, que ejerció una enorme influencia tras la Segunda Guerra Mundial, exigió a los pintores que para ser modernos buscaran la esencia de lo pictórico, algo que, para él, residía en el carácter plano del lienzo, y les pidió que se alejaran de toda ilusión tridimensional y que explotaran las cualidades de los pigmentos, eludiendo cualquier efecto narrativo o alusión literaria. Cuarenta años después, cuando Jordi Teixidor pinta este cuadro, apoyándose en un enorme bagaje de acontecimientos y conocimientos, parece seguir fiel a aquellos postulados creando una pintura esencialista que busca la belleza serena de la plenitud.

Pero Teixidor no se ha quedado anclado en una modernidad de recetario; él es un artista que, siendo fiel a las esencias de la pintura moderna, conoce y experimenta destilando unas obras muy personales que se caracterizan por la viveza de los colores, la minuciosa matización de las pinceladas y la serenidad de las composiciones. El resultado se plasma en grandes campos de color que responden a sobrias estructuras geométricas que los delimitan con claridad.

"Altar mayor", 1990
Altar mayor, 1990

El título de este cuadro, sin embargo, parece hacer una referencia a la historia, aunque se trata de la propia historia de la pintura y no de un tema narrativo.Las palabras "altar mayor" nos remiten a las grandes construcciones de los retablos, conjunto de obras donde los pintores barrocos desarrollaron todo tipo de experimentos con los colores y con los efectos de claroscuro. La sucinta geometría que muerde el rico campo cromático, en el borde superior del cuadro, es la única sugerencia que nos permite establecer esta relación, pero esa forma plana con forma de doble T es, en su esencialismo minimalista, un elemento abstracto, absolutamente irreferencial e inexpresivo.

Javier Maderuelo

Este texto sólo puede reproducirse citando su procedencia:
Catálogo del Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca.