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El museo y su edificio

El edificio del Museu Fundación Juan March:
una aproximación histórica

Miquel Seguí AznarElvira González Gozalo

El Museu Fundación Juan March se ubica en una antigua casa señorial de la calle Sant Miquel, en el centro histórico de Palma. El edificio, adquirido en 1916 por el creador de la Fundación, Juan March Ordinas, se remonta al siglo XVII y es conocido popularmente como Can Gallard del Canyar, familia propietaria del inmueble hasta principios del siglo pasado. Se sabe que la "modesta posada de los Gallard del Canyar", reedificada y ampliada con un inmueble colindante en el segundo tercio del siglo XVIII, fue reformada posteriormente en dos ocasiones a lo largo del siglo XIX; la primera, a mediados de esa centuria, con el fin de modernizarla; la segunda, en torno a 1897, cuando a su propietario, Josep Dezcallar i de Togores1, le fueron expropiados varios metros de su fachada para ensanchar la calle2.

Vista del patio de
entrada. Foto: Miquel Seguí
Vista del patio de entrada. Foto: Miquel Seguí

Ya en el siglo xx, el nuevo propietario, Juan March, se propone rehabilitar el antiguo edificio, y encarga el proyecto al arquitecto mallorquín Guillem Reynés Font (1877-1918)3. La reforma estaba encaminada a habilitar los pisos superiores para residencia de la familia, y la planta baja para despachos y oficinas; en ellos se desarrollarían las actividades propias de una entidad financiera, que ya se venían realizando, aunque no sería hasta unos años más tarde, en 1926, cuando se fundase la Banca March. A partir de esa fecha el edificio se convertirá oficialmente en la sede de esta banca.

El arquitecto Guillem Reynés, hijo del maestro de obras Gaspar Reynés Coll (1845-1911), había estudiado la carrera en Barcelona, obteniendo la titulación profesional en 1905, tras un paréntesis de cuatro años en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Una vez establecido en Palma en 1905 –en esta ciudad residirá desde entonces hasta 1918, fecha de su fallecimiento a consecuencia de la epidemia de gripe que asoló Europa al finalizar la Primera Guerra Mundial– compagina su labor en el Servicio de Construcciones Civiles de la Diputación Provincial de Baleares con la de arquitecto diocesano de Mallorca y de Ibiza, aceptando además encargos de carácter privado. Estos últimos, que en un principio fueron de poca relevancia –sencillas viviendas y pequeñas reformas para promotores de clase media palmesana–, irán adquiriendo importancia al convertirse en el arquitecto de industriales, comerciantes y empresarios, destacando de entre todos ellos la figura del financiero Juan March.

En un principio, Reynés se movió a caballo entre dos ámbitos propios de la cultura arquitectónica del momento: el modernismo y el tradicionalismo, hecho que se explica teniendo en cuenta sus estancias en Barcelona y Madrid durante su época de estudiante.

La influencia de algunos profesores de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, como Lluís Domènech i Montaner, y sobre todo los contactos con Antoni Gaudí i Cornet y Joan Rubió i Bellver, en sus primeros años de profesión4 podrían justificar que, en una época inicial, optara por el modernismo, como puede apreciarse en algunos de sus proyectos más tempranos. No obstante, sus relaciones con Vicente Lampérez y Romea, profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid, y el influjo de los postulados tradicionalistas, difundidos a través de publicaciones, congresos, exposiciones y concursos, le llevaron a posicionarse del lado del regionalismo. Ejemplo de ello fue su participación en 1913 en el concurso "La Casa Antigua Española", organizado por la Sección de Arquitectura del Círculo de Bellas Artes de Madrid, con el que obtuvo el tercer premio por su estudio sobre Can Solleric. Según sus bases, el concurso consistía en: "La descripción gráfica, a modo de monografía artística, de las casas antiguas, casas nobles y casas solariegas que, más o menos importantes, existen en todos los pueblos de todas las regiones de España, edificios siempre bellos e interesantes"5.

Guillem Reynés fue un infatigable arquitecto. En el corto periodo de tiempo transcurrido entre 1905 y 1918 –trece años escasos–, desarrolló una actividad ingente, no solo como profesional, sino también en su faceta de intelectual, comprometido con intereses en ámbitos muy distintos, como la lengua, la política, el patrimonio y la historia, alcanzando progresivamente un alto nivel de consideración y prestigio, incluso fuera de nuestras islas.

vista de la claraboya
cenital del patio interior. Foto: Miquel Seguí
Vista de la claraboya cenital del patio interior.
Foto: Miquel Seguí

Juan March entra en contacto con Reynés en 1916, cuando decide abandonar su pueblo natal, Santa Margalida, para trasladarse y establecerse en Palma, la capital. A tal fin encarga a Reynés la ya mencionada obra de reforma de Can Gallard del Canyar –edificio que adquiere para convertirlo en su residencia en la capital–; además, confía a este arquitecto un segundo proyecto: la construcción de una villa de recreo en Sa Torre Cega, en la costa de Capdepera, de donde era natural su esposa, Leonor Servera Melis. Los dos proyectos datan de 1916.

Las obras de Can Gallard del Canyar, promovidas por Juan March, se concluyen en 1917, tal y como recoge la prensa de la época. Tras el fallecimiento de Reynés, el arquitecto Guillem Forteza llevará a cabo una actuación de menor envergadura, centrada en las instalaciones de las oficinas de la Banca March, en la planta baja, y en las rejas de hierro forjado en la calle Confraria5.

La rehabilitación de Reynés no modificó demasiado la estructura del edificio; solo afectó a la zona correspondiente a las escaleras de acceso a los diferentes pisos y a las cubiertas. Para disimular la oblicuidad de las paredes, el patio de entrada fue cerrado por medio de una claraboya elíptica, y en la escalinata principal –en mármol blanco– se adoptó la disposición típica de las casas señoriales de Palma. No obstante, se realizaron modificaciones importantes en la distribución espacial por medio de tabiques, renovándose en su totalidad la carpintería y los suelos. También se instalaron los más modernos equipos de saneamiento, calefacción y cocina, teniendo especial relevancia las labores de ornamentación en unos espacios en los que se hacen patentes la tradición local y otras influencias de procedencia foránea, como el estilo Luis XVI.

Como se ha señalado al tratar esta reforma, "el arquitecto supo dar al edificio un gran empaque, solidez y elegancia, cuidando especialmente los detalles decorativos"7. Para ello, Guillem Reynés contó con un amplio equipo constituido por técnicos, operarios, artesanos y artistas, y con la colaboración de importantes talleres y empresas de la época. Joan Juan Mezquida fue el aparejador; Antoni Jiménez Vidal, el delineante; la casa Pedro Àvila, de Barcelona, elaboró las molduras en escayola de techos y paredes; Juncosa y Sacristà, la ebanistería y la tapicería; Rigalt, Granell y Cía., las vidrieras y claraboyas; la empresa mallorquina de Antoni Quintana proporcionó baldosas y otros materiales de construcción; los hierros de las rejas y de la escalera se deben a Miquel Rigo; el catalán Darius Vilàs realizó las pinturas decorativas del comedor y Faust Morell las del salón; Sebastià Alcover, el trabajo escultórico de la fachada de la calle Confraria y Gabriel Moragues el correspondiente al patio interior. Lluís Bru Salelles llevó a cabo los mosaicos decorativos para pavimentos y maceteros.

Detalle del mosaico
del patio interior realizado por Lluís Bru. Foto: Miquel Seguí
Detalle del mosaico del patio interior realizado por Lluís Bru. Foto: Miquel Seguí

Lluís Bru, decorador valenciano y fabricante de mosaicos –especializado en los de tipo romano, veneciano y cerámico para pavimento y aplicación mural–, contaba con una larga trayectoria profesional, centrada fundamentalmente en Cataluña; había trabajado en encargos de los arquitectos modernistas Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch, colaboró con Reynés en la reforma de la capilla de la iglesia de La Sang de Palma y, posteriormente, bajo la dirección de Luis Gutiérrez Soto, en las obras del Palacio March de la calle Conqueridor.

Como muestra de esa cooperación tan estrecha entre el arquitecto Reynés y sus colaboradores, incluimos aquí un fragmento de una de las cartas que el pintor Darius Vilàs envió a Reynés desde Barcelona en 1916, con motivo de la realización de los frisos del comedor de aquel palacio. A través de ella se puede saber, a manera de ejemplo, cómo se concibió el programa iconográfico de toda la estancia y cómo Darius Vilàs informó a Reynés del envío de un par de proyectos decorativos que más tarde quedarían integrados en uno solo8.

El edificio que nos ocupa, para cuyas reformas Reynés había contado con la estrecha colaboración de artesanos, decoradores y artistas, ha sido objeto de otras reformas posteriores. La más significativa se realizó en el año 1990, cuando se convirtió en sede de la colección de arte español contemporáneo de la Fundación Juan March. Esta reforma afectó a una buena parte del edificio, pero no modificó el patio interior con la escalinata, las dependencias de la planta baja –donde aún se encuentran las oficinas de la primera sucursal de la Banca March– y el conjunto de fachadas y cubiertas. Por último, en 1996 y en 2003 hubo nuevas intervenciones que permitieron una ampliación del espacio expositivo y de algunos espacios destinados a otros usos.

1 La había heredado de su abuela, Manuela Gallard del Canyar i Ceruti.

2 Donald G. Murray y Aina Pascual, La casa y el tiempo. Interiores señoriales de Palma. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta Editor, 1999, p. 211.

3 Miquel Seguí Aznar, Elvira González Gozalo y Guillem Reynés Corbella, Guillem Reynés Font. Una trayectoria interrumpida. Palma de Mallorca: Editor Guillermo Reynés Corbella, 2008, 2 vols.

4 Coincidieron además en la restauración de la catedral de Mallorca, promovida a principios del siglo XX por el obispo Pere Joan Campins.

5 Seguí Aznar, González Gozalo y Reynés Corbella, op. cit., vol. i, p. 71, nota 44.

6 Guillermo Forteza, Bodas de plata profesionales del arquitecto Guillermo Forteza, Palma, Imprenta Viuda de Soler Prats, 1941, p. 12.

7 D. G. Murray y A. Pascual, op. cit., p. 211.

8 Agradecemos a Guillem Reynés Corbella y Guillem Reynés Muntaner el haber cedido para su publicación, como ilustraciones del texto, el material documental del Archivo Guillem Reynés Font, así como a Miquel Frau Segura, su ayuda en la elección y el procesado informático de las imágenes.


Fundación Juan March
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