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La Minotauromaquia (1935)
Juan Carrete Parrondo

II. Picasso y la estampa. El grabado al aguafuerte


A Picasso, sin duda, le apasionaba la técnica del grabado y se puede decir que casi practicó todas sus variantes, siendo la más habitual el aguafuerte y la punta seca, no faltando ocasiones en las que utilizó el buril. Aunque de la técnica que sacó un mayor provecho fue del aguatinta al azúcar ‒el método más pictórico para hacer una estampa, dejando al margen la litografía‒, técnica que Picasso emplea en los últimos grabados de la Suite Vollard.

La rapidez e inmediatez en la ejecución de la técnica del aguafuerte sería la principal causa de su utilización por Picasso, aunque también contribuiría el sencillo aprendizaje que requería. Ambas circunstancias habían convertido el aguafuerte en la técnica de grabado más usada entre los grabadores no profesionales, es decir, fundamentalmente entre los pintores, que encontraron en la punta de grabar casi la misma libertad de trazos que se emplea para el dibujo, pues no hay duda de que con este procedimiento se puede lograr una enorme riqueza expresiva.

La técnica del aguafuerte consiste en dibujar con una punta metálica, y a veces también con un escoplo, sobre la capa de barniz protector con que se ha recubierto una plancha de cobre; después, al introducirla en un baño de ácido, los trazos abiertos por la punta son mordidos por el ácido. Un procedimiento aparentemente tan sencillo no deja de requerir una especial pericia en lo referente tanto a los materiales como a los instrumentos y, sobre todo, al propio método de grabar.

Picasso dibujaba directamente sobre el barniz de la plancha y, en la mayor parte de los casos, de una sola vez; es decir, el primer estado quedaba como definitivo. Sin embargo, en ocasiones recurría a añadir a los distintos estados líneas entrecruzadas para remarcar los negros, reforzar los contornos, decorar paños o simplemente llenar un vacío a base de garabatos. Raras pero explícitas son las ocasiones en las que el artista, después de una primera prueba al aguafuerte, decide hacer cambios, pero introduciendo nuevas técnicas en las que emplea el buril y la punta seca. Incluso puede recurrir a la combinación con otras técnicas, como aguafuerte, aguatinta y buril.

Salvo en contadas ocasiones, Picasso no tuvo necesidad de hacer varios estados, bien fuera para completar la composición que en el primer estado era más simple o para añadir algunos detalles. Aunque también se da el caso de que, sobre la marcha, va cambiando, suprimiendo y añadiendo partes de la composición; incluso, en mitad del proceso, introduce nuevas técnicas, como la aguada, que básicamente consiste en aplicar directamente el aguafuerte sobre el cobre por medio de un pincel.

Los cobres grabados por Picasso tenían como finalidad ser estampados, es decir, que la imagen grabada pasara al papel. Para ello primeramente se entinta la lámina, operación que consiste genéricamente en introducir la tinta en las tallas con ayuda de una muñequilla, limpiando a continuación la superficie de la lámina con un trozo de tela de algodón ‒tarlatana‒ y en ocasiones pasando suavemente la palma de la mano, teniendo la precaución de no sacar la tinta de las tallas.

La estampación de los grabados realizados al aguafuerte, al aguatinta y a la punta seca ‒y en general todo el grabado actual‒ requiere de una especial participación del estampador, ya que esta operación es decisiva para el resultado final. Labor del estampador es buscar, en perfecta coordinación con el grabador, cuál ha de ser el tipo de estampación, pues en mano del estampador está el crear zonas más luminosas, resaltar la tinta de las tallas o proporcionar determinadas veladuras y efectos de bitonos para aumentar la profundidad de la composición.

Una vez entintada, la lámina se estampa por medio de una prensa llamada tórculo. Esta máquina, que básicamente no ha variado desde el siglo XV, se compone de dos soportes laterales sobre los que reposan dos cilindros macizos, antiguamente de madera y hoy metálicos. El cilindro superior se mueve por medio de una rueda de aspas impulsada manualmente o con un pequeño motor eléctrico. Entre los dos cilindros, una tabla de madera o placa metálica ‒platina‒ sirve para colocar el cobre entintado, sobre el que se dispone el papel y un paño de fieltro ‒los antiguos cordellates‒; al introducirse entre los dos cilindros, la presión hace que la tinta depositada en las tallas pase de la plancha de cobre al papel. De esta manera nace una estampa. Cada nueva estampa requerirá de un nuevo entintado de la lámina y de nuevo paso por el tórculo.