Exposición temporal

Willi Baumeister [1889-1955]
Pinturas y dibujos

8 junio – 10 diciembre 2011

EN EL ATELIER DE WILLI BAUMEISTER

Flümmchenbild
Cuadro con pequeñas llamas, 1931

Durante toda su larga carrera Willi Baumeister se ocupó intensamente de la actividad artística como motivo y sentido de la obra de arte. "Toda obra de arte es autorrepresentación del artista, independientemente de lo que esté representado realmente en ella [...]. Elegir también el 'sí mismo' como motivo manifiesto genera en la obra una síntesis de la más densa peculiaridad", escribe en su libro Das Unbekannte in der Kunst (Lo desconocido en el arte).

Sus propias ideas artísticas, cuyos fundamentos desarrolló en los años 20 y primeros 30, se condensan en dos grupos de obras estrechamente relacionados entre sí, los dedicados al tema del pintor y la modelo (Maler und Modell) y los de tema deportivo (Sportbilder). Ambos se van a presentar aquí vinculados a los discursos de las vanguardias contemporáneas y teniendo en cuenta el desarrollo histórico (-cultural) de la República de Weimar. Además de su propio estudio, el punto de partida del art contemporain de Baumeister fue sobre todo la capital francesa. Si consideraba su estudio como el lugar donde, a pesar de todas las cesuras históricas, buscar el lenguaje de un arte espiritualmente libre, París le ofrecía la posibilidad del intercambio intensivo de ideas y experiencias con la community internacional.


El sentimiento de infinita libertad

Llevado del convencimiento de que la imagen del estudio representa el "gran fantasma", una "imagen referencial de la idea del pintor", Baumeister se ocupó muy pronto de este tema, a fin de aclarar su propia autopercepción como artista. Contemplemos detenidamente Dibujante y modelo, de 1913. Este cuadro de atelier constituye un punto de partida de la gramática formal abstracta y de la estructura purista de la imagen que Baumeister desarrollará en los años 20 junto con sus amigos franceses Léger, Ozenfant y Le Corbusier. Si este cuadro temprano presenta todavía una reproducción de la realidad sometida a un proceso de abstracción, en los cuadros de atelier de los años 20 la estructura espacial se traslada por completo a la superficie y cada objeto se descompone en una forma geométrica o antropomorfa : "Formas elementales sencillísimas y, sobre todo, la superficie como elemento se convirtieron en los instrumentos del pintor. Imperan el libre equilibrio, las tensiones y sus resoluciones, sobre todo las relaciones de calidad y cantidad de las líneas y superficies coloreadas e incoloras", escribe retrospectivamente el pintor. Por tanto, a la mirada analítica que Baumeister proyecta sobre la naturaleza ya no le sigue una transcripción de lo visto al lienzo. La consiguiente reducción formal y la síntesis gráfica ilustran más bien la diferencia fundamental entre modelo y reproducción, entre realidad y arte. Los elementos clásicos del cuadro de atelier –como el artista que mira a la modelo, la paleta, el caballete o la mano del pintor– sólo aparecen como referencia cifrada a lo creativo.

Baumeister explicó en una ocasión su predilección por el tema del pintor y la modelo: fue incitado a ello por el trabajo en la clase de pintura, habiéndose interesado menos por la situación concreta que por el "proceso dualista que tiene lugar como resultado de la confrontación entre el pintor y la naturaleza-externa-a-él". Por eso los cuadros de atelier de Baumeister proporcionan información sobre su origen y sobre el acto creativo a través de su configuración y de la disposición de planos, colores y formas. El motivo y la génesis del cuadro remiten directamente el uno al otro; el artista, en su modo de proceder tanto analítico como sintético, se convierte en objeto constitutivo del propio proceso pictórico. Se trata de pintura sobre la pintura.

Más adelante, en los años 30 y primeros 40, cuando Baumeister no podía exponer sus obras, hizo de la cámara testigo de su trabajo oculto. Unas veces posa desenfadadamente sentado en una silla, otras de pie con pajarita y puro, pero generalmente con mirada crítica. A sus espaldas vemos siempre sus obras colgando de la pared o apoyadas en ella –como si fueran trofeos–, muy próximas unas a otras, remitiendo así al trabajo serial y de concepción de su creador.


Der-Bildhauer
El escultor, 1923

Arte y deporte

Probablemente no haya habido una época en la que arte y deporte hayan estado tan estrechamente unidos como en los años 20 y 30, cuando el deporte atrajo la atención de la sociedad y la política con una intensidad desconocida hasta entonces. En esa misma época las vanguardias estaban buscando nuevos motivos y medios de expresión que abordaran el movimiento, la técnica y el bosquejo del "hombre nuevo". Numerosos artistas en Alemania, pero también en Francia y América –mencionaremos tan sólo a Delaunay, Léger y Moholy-Nagy–, se ocuparon del deporte y el culto al cuerpo contemporáneos, y buscaron un lenguaje gráfico adecuado para el ser humano en movimiento. Baumeister, que participó en 1928 en las competiciones artísticas de los Juegos Olímpicos de ámsterdam.

Los cuadros de tema deportivo de Baumeister revelan profundos conocimientos de la cultura deportiva de su tiempo. Llama la atención el hecho de que no sólo le interesen modalidades populares como el fútbol, el balonmano, el ciclismo o el tenis, sino también disciplinas extremadamente exigentes desde un punto de vista técnico, como la natación, el salto de altura, las carreras de obstáculos o la gimnasia, que en aquella época estaban experimentando un enorme desarrollo. En ellas se da gran importancia a la idea del cuerpo mecanizado y a la perfección técnica del atleta.

La fascinación de Baumeister se extiende también al ajedrez y al tenis. Probablemente el hecho de que él mismo practicara ambos deportes contribuyó a que los incorporara en su universo iconográfico. Pero lo que más le interesaba era la transferencia del movimiento de una figura en el espacio a la bidimensionalidad del lienzo. Así se explica por qué muchos artistas de la modernidad –como Miró, Duchamp, Man Ray y Max Ernst– han incorporado motivos del ajedrez en sus obras. Este juego también desafió a Baumeister como artista, seguro que llegó a identificarse con un Schachspieler (Jugador de ajedrez, 1925 y 1927), porque, al fin y al cabo, el movimiento estratégico, extraordinariamente complejo, de una figura en la superficie se corresponde con el problema que él mismo se planteaba. Al igual que el jugador, debía completar en su cabeza incontables movimientos de sus figuras, ubicar sus elementos en el lienzo y comprobar constantemente las consecuencias de sus actos.

Al igual que sus cuadros de estudios de pintor, los dedicados al deporte recurren a otro medio, diametralmente opuesto desde un punto de vista técnico, a saber, la fotografía. Decidido a integrar fotografías deportivas en su trabajo artístico, probablemente estimulado por los collages fotográficos de Moholy-Nagy, utiliza, por ejemplo, la fotografía de un partido de tenis como material para componer un collage en la lámina número 20 de la carpeta Sport und Maschine.


Turner am Barren, 1934
Gimnasia en las barras, 1934

Baumeister y el art contemporain

Durante toda su carrera Baumeister recibió aprobación y un gran estímulo para su actividad creadora en París. Su relación con el mundo del arte francés comenzó en los años 20, cuando el artista expuso con Léger en la galería Der Sturm de Herwarth Walden en el año 1922 y durante el viaje que hizo a París dos años después. Allí conoció el "espíritu moderno" del purismo y descubrió sus afinidades electivas artísticas con Léger, Le Corbusier, Ozenfant y Gleizes. En 1925 se pudieron contemplar por primera vez trabajos de Baumeister en París, en la exposición internacional L'art d'aujourd'hui. Dos años después inauguró en la Galerie d'Art Contemporain, en el Boulevard Raspail, su primera exposición individual, comisariada por Waldemar George. Así pues, el éxito de Baumeister en París se fundamentaba en el convencimiento de la crítica francesa de que con su arte anti-expresionista era un representante atípico de la modernidad alemana.

La exposición en la Galerie d'Art Contemporain trajo a Baumeister un amplio reconocimiento en el mundo artístico parisino y sentó las bases del éxito que iba a cosechar en Francia a lo largo de 30 años. En abril de 1930 participó en la primera salida a escena de Cercle et Carré en la Galerie 23, también formó parte de la asociación de artistas Abstraction-Création fundada por Georges Vantongerloo e inauguró su segunda exposición individual en la Galerie Bonaparte. El hecho de que el vínculo entre Baumeister y Francia sobreviviera a la guerra, a la ocupación y a la inconoclastia atestigua la contribución histórica de Willi Baumeister a la modernidad alemana y a la continuidad de las relaciones artísticas germano-francesas en el siglo XX.


(Extracto de Martin Schieder, Orden apolíneo. En el atelier de Willi Baumeister, catálogo de la exposición)