Exposición

Cuixart: los años cruciales (1955-1966)

5 febrero, 2020 – 6 febrero, 2021
Modest Cuixart, Fragmento de'Pintura', 1959. Colección Fundación Juan March, Museu Fundación Juan March, Palma
Modest Cuixart, Pintura [fragmento], 1959.
Colección Fundación Juan March, Museu Fundación Juan March, Palma

Modest Cuixart (Barcelona, 1925-Palamós, Gerona, 2007), hombre de una amplísima cultura humanista, abandonó pronto sus estudios de medicina para dedicarse durante el resto de su vida a la pintura desde el rigor científico, pero también desde una inquietud y una rebelión constantes respecto a sus propios hallazgos.

Bajo el título Cuixart: los años cruciales (1955-1966) se pretende una nueva mirada, gracias a la perspectiva que nos concede la década que ha transcurrido desde su muerte, sobre la obra y, sobre todo, las sustanciales aportaciones de un extraordinario artista que gozó de enorme fama y prestigio. Dada la magnitud de su producción, se ha optado por acotar un periodo, crucial en su trayectoria, de aproximadamente una década. A través de las obras seleccionadas, procedentes de los más destacados museos y colecciones, entre ellas la de la propia Fundación Juan March, así como de los textos y la documentación del catálogo, la propuesta tiene como objetivo recuperar el mejor Cuixart a partir del análisis más riguroso, pero a la vez más sugestivo y didáctico.

Modest Cuixart, 'Ratacat', 1962.
Colección particular
Modest Cuixart, Ratacat, 1962. Colección particular

El periodo elegido para esta exposición se inicia en las postrimerías del movimiento y revista de vanguardia Dau al Set, cuyo surrealismo magicista implica el abandono de interesantes experimentaciones matéricas previas, reflejadas en obras tan destacadas como Linneus escriba (1948). Más tarde, a partir de 1955, piezas como el assemblage Sputnik o las Construciones heteroplásticas manifestarán de nuevo una potente apuesta por la materia y por la incorporación de diversos materiales u objetos.

Gracias a una beca concedida a Dau al Set por el Instituto Francés —compartida con su primo Antoni Tàpies—, Cuixart viaja a París en 1950. Meses más tarde se traslada a Lyon, donde el contacto con la activa vida cultural de la ciudad impulsa una intensa fase experimental que lo conduce a profundizar en las capacidades expresivas de la materia. Allí conoce a Marcel Michaud, quien se interesa vivamente por su obra y le organiza en 1956 una exposición en su veterana galería Folklore, muestra que obtiene una gran repercusión en la prensa cultural lionesa. Jean-Jacques Lerrant, prestigioso escritor y periodista, también lo apoya firmemente desde el inicio y profundiza en la poética de su obra a través de artículos, de textos de catálogos y de la monografía que le dedica en 1967. Por otra parte, Michaud le presenta a René Drouin, en cuya galería de París expone inicialmente en 1956 y ya de forma individual desde 1958. En la etapa lionesa realiza espléndidas obras con relieves laboriosamente labrados o con sutiles incisiones y grattages (Omorka, Lyon de Belleville, Marne). Viaja continuamente y, además de en Lyon y en París, expone en ciudades de toda Europa, Estados Unidos y Argentina. Empieza a ser solicitado por galerías, museos y bienales de todo el mundo.

La muestra que aquí se propone, y que incluirá abundante documentación, así como la proyección de fragmentos de la película de Fieschi, recoge la mejor y más representativa producción del artista en el periodo comprendido entre 1955 y 1966, verdadero eje de su apasionante trayectoria artística.

A partir de 1958 las experimentaciones de Cuixart se dirigen hacia la sublimación de la materia y cristalizan en su característico dripping de irisaciones metálicas —doradas, plateadas y cobrizas— sobre fondos generalmente oscuros, procedimiento que evolucionará desde la maraña inicial a una especie de espacialismo. En su conjunto, el nuevo lenguaje constituye una personalísima alquimia, una metafísica de la materia —"transinformalismo", según la terminología de Juan Eduardo Cirlot— de ecos cósmicos que llega a ejecutar en enormes formatos (Sueño de Eude, Suite Bienal São Paulo) y que lo hace merecedor de numerosas distinciones y lo eleva a la cima del éxito y el reconocimiento internacional (Primer Premio de Pintura Abstracta de Lausana y Gran Premio Internacional de Pintura de la V Bienal de São Paulo, ambos en 1959). Los más prestigiosos críticos (Jean-Jacques Lerrant, Will Grohmann, Pierre Restany, Alexandre Cirici Pellicer, Juan Eduardo Cirlot, Eduardo Westerdhal…) lo ensalzan como el verdadero renovador del informalismo internacional, una corriente que a finales de la década de 1950 ya empezaba a dar muestras de agotamiento.

Fotograma del cortometraje 'Cuixart, permanencia del barroco', dirigida por Jean-André Fieschi en 1963
Fotograma del cortometraje Cuixart, permanencia del barroco, dirigido por Jean-André Fieschi en 1963

Pero Cuixart, un espíritu libre poco dado a estancarse en el éxito, considera que el informalismo ya ha derivado en vacía y monótona reiteración y afloran otras inquietudes en su obra. Realiza algunas piezas de abultado relieve e inusitada osadía para la época (Obsexys, Androgyne, 1962) y en 1963 sorprende su exposición en la galería barcelonesa de René Metras de las muñecas masacradas de su serie Nins sense nom [Niños o muñecos sin nombre], sintomáticas de una profunda angustia existencial. La preocupación plástica y anímica en torno a la condición humana da lugar, aún dentro del lenguaje de la materia y el objeto, a esa primera manifestación clara y contundente que se implica en la representación de lo humano —no sería exacto hablar aún de figuración—, que pasará a adueñarse de su obra, abriendo un largo paréntesis en el que su preocupación por la metafísica del cosmos y de la materia es progresivamente sustituida por esa intensa irrupción de lo existencial. El mismo título (Nins sense nom) evoca el desamparo ante la violencia de todas las víctimas anónimas y alude a un terrible recuerdo de su niñez, cuando vio llegar, durante los bombardeos de Barcelona en la guerra civil española, camiones cargados de cadáveres desmembrados, muchos de ellos niños. Parece ilustrar esa imagen el assemblage exento Rodamort (1961), realizado en el mismo año en que en el MoMA se celebra la exposición The Art of Assemblage [El arte del assemblage]. Como afirmó M.ª Luisa Borrás, Cuixart, coetáneo de Robert Rauschenberg, fue un precursor de la incorporación del objeto, que ya empleaba desde 1954.

Pese al cambio de lenguaje, Cuixart sigue despertando en esa época el máximo interés. Su presencia es constante tanto en medios generales como especializados. Ocupa numerosas portadas y se le dedican innumerables artículos y entrevistas. Expone en museos y galerías de todo el mundo. El entonces joven cineasta vinculado a la Nouvelle Vague y a los Cahiers du Cinéma, Jean-André Fieschi, dirige en 1963, en la línea del cinéma vérité [cine de realidad], el cortometraje Cuixart, permanencia del barroco, un interesante filme que recoge al artista en pleno proceso de realización de sus enormes cuadros con muñecas y cuerdas, y lo presenta como un paradigmático creador de vanguardia.

Modest Cuixart, <em>Rodamort</em>, 1961-63. Colección particular
Modest Cuixart, Rodamort, 1961-63. Colección particular

En esas mismas fechas (1963-64), adelantándose a las corrientes internacionales de la nueva figuración, surge un singular ciclo en el que, de manera insólita, lo matérico y textural se hibridan con un grafismo magicista y sígnico, en cuyos contenidos predomina lo orgánico, lo erótico y lo siniestro. Algunos críticos coinciden en que esas imágenes, en su mayoría tremendamente "biológicas", que diseccionan los entresijos del ser y el cuerpo humano como escalpelos, reflejarían su paso por las clases de disección y de anatomía en la Facultad de Medicina. Las letras, cifras y signos ocupan un inusitado protagonismo en gran parte de las obras de esta etapa y son frecuentes las alusiones al pensamiento matemático y filosófico (Metafórica, Sofismas, 1965) que les confieren un hondo cariz intelectual. Morfológicamente, une la materia surcada del informalismo de Lyon al signo de Dau al Set, estableciendo una dinámica sintaxis entre ambos.

La profunda capacidad poética y simbólica de su espléndida y muy conocida obra sobre papel, unida a la expresividad surreal de sus objetos manipulados, complementan el itinerario de la exposición y la aproximación al trabajo del artista.

La expectación fue máxima cuando en 1966 se expusieron sus nuevas obras en la galería René Metras —que rompían definitivamente con el informalismo— causando una gran polémica. Los tintes sutilmente escabrosos de algunas piezas fueron agriamente reprobados por mentes fundamentalistas de diverso signo, así como erróneamente interpretados en alguna crítica difamatoria como una apología de lo perverso, sin entender que la angustia, la muerte y el sexo —en suma, la condición humana— constituyen los fundamentos de esta interesantísima etapa que Arnau Puig, comisario de la exposición, calificó de "realismo crítico" y explicó como una reflexión analítica y revulsiva de la realidad social. Nada más antierótico que esas gélidas imágenes que no pretenden sino revelar una sociedad hipócrita que esconde la depravación bajo las buenas costumbres. Se trata de una obra marcadamente transgresora que constituyó un revulsivo demasiado enérgico y audaz para aquel momento en España, tan ajeno al respeto por la libertad de expresión, pese a ello no pocos críticos e intelectuales elogiaron ese giro inédito en la obra de Cuixart al cumplir los cuarenta años. De hecho, la muestra de la galería Bonino de Nueva York en 1964 había despertado tal expectación que resultó obligado prorrogarla. También es significativa la elección en 1968 de una de esas obras para la importante exposición colectiva The Art of Organic Forms [El arte de las formas orgánicas] en la Smithsonian de Washington y el hecho de que el grueso de ese breve pero intenso y originalísimo ciclo se encuentre en colecciones norteamericanas.

Modest Cuixart, Sin título, 1960. Colección particular Modest Cuixart, Sin título, 1960
Colección particular
Modest Cuixart, 'Metafórica', 1965. Colección particularModest Cuixart, Metafórica, 1965
Colección particular

La profunda capacidad poética y simbólica de su espléndida y poco conocida obra sobre papel, unida a la expresividad surreal de sus objetos manipulados —configuraciones tridimensionales y assemblages—, complementan el itinerario de la exposición y la aproximación al trabajo del artista.

La muestra que aquí se propone, y que incluirá abundante documentación, así como la proyección del cortometraje de Fieschi, recoge la mejor y más representativa producción del artista en el periodo comprendido entre 1955 y 1966, verdadero eje de su apasionante trayectoria artística.