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PABLO PALAZUELO. PARÍS, 13 RUE SAINT-JACQUESPABLO PALAZUELO. PARÍS, 13 RUE SAINT-JACQUES

22.06.2010 - 30.10.2010

Pablo Palazuelo, "El caballero de la soledad"

EL LABERINTO DE PARÍS

Palazuelo en su casa del 13, rue Saint-Jacques Palazuelo en su casa del 13, rue Saint-Jacques, 1962. Foto: Abraham Lurie Waintrob-Budd Studio

El día 22 de octubre de 1948 Pablo Palazuelo tomó el tren desde Madrid a Hendaya, para concluir su viaje en París. Travesía en absoluta soledad, próximo un otoñal fin de semana, quizás rememorando el artista los tiempos de alejamiento, mediados los años 30 (1933–1936), en Oxford, cuando cursaba estudios de Arquitectura en The Oxford School of Arts and Crafts. Años en los que su familia pretendió, inútilmente, hacer de un verdadero artista un arquitecto reputado. Durante el largo viaje del otoño, en ruta hacia París, Palazuelo se hallaba "en busca del camino [...] como en un laberinto" —diría años después recordando esa angustiosa marcha—.

Cuando se concluye el estudio de las dos décadas de estancia de Palazuelo en París, se observa que su actitud fue la de un artista íntegro. Y todos los testimonios que han llegado hasta nosotros lo confirman, componiéndose el relato de una personalidad artística compacta, carente de fisuras. Descripciones que insisten en el reflejo del carácter de un artista solitario y disciplinado, también pasional e intenso. Además, es preciso subrayar que fue uno de los primeros creadores españoles que en la postguerra mundial decidió marchar a Francia, apenas meses después de restablecerse las relaciones diplomáticas y recién creado allí el Comité d’Accueil a los estudiantes extranjeros.

Mundo en soledad, el parisino del año 1948, recién concluida la guerra mundial, al que aún tardarían en ir llegando —al menos cinco años— los primeros artistas españoles. Soledad, soledades —Solitudes—, que se convierte también en palabra repetida por Palazuelo, hasta dar título a un quinteto de pinturas sobre tela de 1955. Su conocida fama de "caballero de la soledad" será citada por cuantos le visiten, en especial durante su estadía, a partir de 1954, en el estudio de la rue Saint–Jacques, y permanecerá como emblema de su trayectoria.

Casi sin quererlo, Palazuelo se convirtió en un tipo común de apátrida. Meteco en Francia, distanciado de su familia y mudado en paseante extraño de un barrio frecuentado por el bullicio de diversas razas. Alumno, por obligación administrativa, matriculado por libre en la Escuela de Grabado de la Escuela de Bellas Artes, su mayor edad le hizo ser también un desconocido para los artistas españoles que encontró a finales de los 50. Unos diez años más jóvenes que él, cuando coincidieron en 1959 en el Musée des Arts Décoratifs, se hallaron frente a un creador ya reconocido tras haber realizado dos exposiciones individuales, 1955 y 1958, en la Galerie Maeght.

Resumiendo: un artista al margen. Así se comprende que su obra fuese calificada como "la de un outsider", como escribiría en 1959 Françoise Choay, gran conocedora del arte hispano, en France Observateur. Será preciso que transcurran unos once años de actividad pictórica tras su marcha a París para que se publique en España, el mismo 1959, la primera reseña crítica de cierta enjundia sobre su obra, que será firmada por otro pintor: Juan José Tharrats, quien comenzaba su artículo, justamente, subrayando el desconocimiento de la obra de Palazuelo.

Los escritos de Palazuelo, en especial sus poemas, refieren esa soledad intensa, transustanciada en soledad mística, casi llevado —en sus palabras— a la prisión de los sentidos: "lache, j’ai soif" (Soltad, tengo sed), escribirá. "La verdad inventaba a sus expensas", dice el verso final de un poema de Jorge Guillén que Palazuelo escoge para ilustrar un número de Derrière le miroir.

13 RUE SAINT-JACQUES

Sur noir, 1949 Sur noir, 1949
Museo Patio Herreriano, Valladolid

Palazuelo llegó a París un sábado 23 de octubre de 1948. Sus residencias comenzaron por estancias en el Colegio de la Cité Universitaire, desde su llegada y hasta 1954. Al trazar la cronología del artista se observa un ecuador definido: hay un "antes" y un "después" de este último año, coincidente con el comienzo del trabajo en su estudio de la rue Saint–Jacques, un inmueble propiedad de los Maeght, que le ceden temporalmente, manifestando de nuevo las estrechas relaciones que se crearon con el artista hispano. Consideramos la presencia en Saint–Jacques el eje divisorio capital entre las brillantes tentativas del Colegio y la plena madurez artística constatada en sus exposiciones individuales inmediatas en Maeght.

En París Palazuelo realizó estudios de grabado durante lo que, sin duda, debió ser el duro trimestre final del año de su llegada, 1948, como necesario paso previo a la posterior y ansiada independencia de la Cité Universitaire, lo cual sucederá en 1951. Dichos estudios, como se recoge en la cronología, fueron realizados con un profesor reputado, el pintor y litógrafo René Jaudon, quien, en lo relativo a lo contemporáneo, ha llegado a nuestra historia por haber sido también maestro de Pierre Soulages. Jaudon, conocido por ilustraciones de libros clásicos, de Goethe y Rabelais, aportó su labor a la impresión de un grabado de Picasso en los Calligrammes de Apollinaire. Es el conocido grabado del retrato del poeta, de perfil, herido y con la cabeza vendada.

En el invierno de 1948 estudió como alumno libre en la école Nationale Supérieure des Beaux–Arts de la rue Bonaparte, en pleno quartier latin. En el camino se halla la citada Librairie Fischbacher, frecuentada por Palazuelo, a su vez no lejana esta Escuela de su futura casa de Saint–Jacques.

Tras el corto y enigmático periodo de estancia en Villaines–sous–Bois (1951), su suerte parecerá cambiar por completo en 1954, cuando llega al cuarto piso de la rue Saint-Jacques, en el número 13. Por este estudio pasaron por esas fechas fotógrafos como Abraham Lurie y Sidney Waintrob, del neoyorquino Budd Studio, también nuestro Nicolas Müller. Palazuelo ha hecho referencia en ocasiones a la importancia de residir en un barrio en el que se agolpaba un mundo multirracial, entonces muy sorprendente. Lugar mítico, también, de partida del peregrinaje en la ruta ancestral de Santiago, más recorrido a la inversa, lugar de llegada de nuestro pintor. Un barrio repleto de librerías "en decadencia" dedicadas al pensamiento, la alquimia o el esoterismo y que poblarían los anaqueles, y mucho del tiempo y fatigas, de Pablo Palazuelo.

(Extracto de "Pablo Palazuelo. La imaginación introvertida", de Alfonso de la Torre, en el catálogo)

Museu Fundación Juan March, de Palma