Descargar Publicación Digital (PDF, 9 MB)

Descargar Publicación Digital (PDF, 9 MB)

Introducción

Si contáramos las horas que le dedicó a la música clásica (término poco querido por él) y le sumáramos los dos o tres discos de jazz que cada día escuchaba, como menciona en una de sus entrevistas, no deja de sorprendernos la relación tan especial que mantenía con la música. Esta disposición, que consiste en no diferenciar la escucha de la vida diaria, suena, quizá, algo extraña en el mundo actual en el que el acceso digital se ofrece con pretensiones de inmediatez y los soportes analógicos «tradicionales» se mantienen como objetos de intercambio nostálgico. Por otra parte, las entrevistas (tanto editadas como grabadas en video) muestran a un Julio Cortázar absolutamente apasionado por los discos, no solamente de jazz, sino también por los discos de compositores de la música occidental —desde la medieval hasta la música de compositores contemporáneos (como Stockhausen o Lutoslawski), pasando por la música de la época clásica o las interpretaciones de obras románticas.

Buscar el jazz en la obra de Cortázar es, además, dejarse acompañar por la historia de los soportes de grabación, por sus características sonoras singulares o, como en Rayuela, por la manera particular de escucha que cada uno de estos soportes promueve: los discos de 78 rpm y su raspeo o fricción, los discos de acetato y los vinilos con su presencia sonora y su mayor duración de grabación o las casetes con sus soplidos de cinta y su facilidad para regrabar y combinar audiciones.

Si muchos de los fragmentos seleccionados dan cuenta de la melomanía de Cortázar, los que provienen del artículo Elogio del jazz: carta enguantada a Daniel Devoto son especialmente relevantes para estudiar sus opiniones críticas sobre esta música. A pesar de lo temprano de su aparición y de la poca atención mostrada por la bibliografía especializada, en este artículo se encuentra resumida toda una estética del jazz (como, por otra parte, el propio autor indicará posteriormente en una entrevista). En este texto, Cortázar realiza una defensa del jazz y muestra una clara resistencia a cualquier mediatización, ya sea interpretativa, por parte de algunos críticos (como André Coeuroy o André Schaeffner) o compositiva, como aquella que se pone en juego en las obras clásicas influidas por el jazz (o en los intentos de orquestación y armonización). Para el escritor es necesario, primero, mostrar su singularidad para, después, preservarlo de cualquier intento de simplificación o de reducción que lo haga asimilable o estable. Cortázar resalta en el jazz no tanto el ritmo, como, indica, harán determinados críticos «blancos», sino, más bien, el proceso de la improvisación o «el nacimiento continuo e inagotable de formas melódicas y rítmicas y armónicas, instantáneas y perecederas». Los músicos de jazz, o jazzmen, realizan, durante su improvisación, modificaciones del timbre, reinventan melodías, establecen diferencias para distinguirse de otros músicos o marcan la especificidad de cada interpretación como un acontecimiento único.

Su interpretación del jazz, más especializada que la de un mero melómano, se halla muy próxima a la que desarrollaron los principales críticos de la revista francesa Jazz Hot, como Hugues Panassié o Charles Delaunay, y se aleja, con determinación, de una línea historiográfica del jazz fundada en la lectura cerrada de los textos (las grabaciones), en la compartimentación de los estilos y periodos o en la defensa a ultranza del estilo swing (llevado a la popularidad por intérpretes blancos).

Más allá de una exposición de influencias del jazz sobre la estructura de las obras literarias de Cortázar, los fragmentos recopilados en este documento pretenden dar cuenta de la multiplicidad de momentos en los que aparece mencionada esta música y de la modulación de opiniones vertidas a lo largo de su vida.

Subir