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El sonido de las ciudades

Este ciclo tuvo lugar Del al

El sonido de las ciudades

Si pudiéramos pasear por una ciudad del pasado, ¿qué música escucharíamos? Este interrogante ha estimulado la imaginación de historiadores de la música y de aficionados. Frente a la tradición de contar la historia a través de una serie de grandes creadores y composiciones excepcionales, una alternativa que se centre en explorar la relación entre actividad creadora y contexto urbano puede resultar estimulante. Esta es precisamente la perspectiva que propone este ciclo de conciertos: un recorrido cronológico que recree el "paisaje sonoro" de algunas ciudades que en un momento concreto de la historia desempeñaron un papel trascendental para la evolución de la música. Cada concierto presenta una selección de obras estrechamente vinculadas a la ciudad elegida, ilustrando la poderosa influencia que ésta ha podido ejercer en determinados compositores y géneros. Palestrina no se entiende sin Roma, Bach sin Leipzig, ni Wagner sin Bayreuth, al tiempo que resulta difícil explicar la génesis de la ópera sin conocer la vida cultural de Florencia y Mantua a comienzos del XVII o el origen de la sinfonía sin la actividad promovida en Mannheim a mediados del XVIII. Una dinámica entre música y ciudad que también funciona en sentido inverso: la particular combinación de instituciones, mecenas y público crearon en una urbe determinada tales condiciones irrepetibles que forjaron la eclosión de algunas de las novedades más importantes de la historia de la música.

El sonido de las ciudades dedica sus ocho conciertos a Sevilla en 1550, Florencia en 1600, Versalles en 1670, Roma en 1700, Viena en 1780, Leipzig en 1840, París en 1900 y Nueva York en 1945, enfatizando en cada caso algún aspecto que resulte particular y único. A mediados del siglo XVI, algunos de los principales impresos para vihuela fueron publicados en Sevilla, una de las metrópolis europeas más pobladas que ejercía de puente cultural entre el viejo continente y el Nuevo Mundo. Pocos años después, el predominio musical que Italia ejercería de modo incontestable durante dos siglos tuvo en Florencia y su clase nobiliaria e intelectual un lugar de referencia, con el nacimiento de nuevos géneros vocales alentados por un deseo utópico de recuperar la música de la Antigüedad clásica. Frente a la multitud de pequeñas cortes italianas, la Francia del siglo XVII encarnó a la perfección la monarquía absoluta del Antiguo Régimen en la figura omnipresente del Rey Luis XIV, cuyo poder era mostrado al mundo tanto a través de la arquitectura de suntuosos palacios como Versalles, como mediante la música asociada a su entorno. También como símbolo de poder y prestigio deben entenderse las reuniones eruditas y las academias musicales conformadas por cantatas y sonatas que las clases dirigentes promovían en Roma, la ciudad universal y cosmopolita por excelencia. Pero si hay un caso extremo de vinculación entre una ciudad concreta y un estilo musical éste es, sin duda, Viena y el estilo clásico: la coincidencia en pocos años de tres compositores tan extraordinarios como Haydn, Mozart y Beethoven ha llegado a derivar en la acuñación del término "clasicismo vienés".

Con la llegada de la modernidad, la innovación musical concentrada en unas pocas ciudades empieza a difuminarse y los centros de actualidad creadora a multiplicarse. Con todo, durante el siglo XIX el protagonismo de Alemania y la cultura musical germánica, ejemplificada en una ciudad como Leipzig, será absoluto, ejerciendo un predominio de amplias consecuencias históricas. Tan sólo París pudo presentar una cierta alternativa, hasta el extremo que Walter Benjamin la proclamara "capital del siglo XIX". Una secular tradición como epicentro de algunas de las revoluciones musicales más determinantes desde la primitiva polifonía medieval desembocó en la que quizá fuera su etapa de mayor esplendor: la transición al siglo XX, cuando la ciudad abanderó uno de los momentos históricos más convulsivos en la creación artística. Las dos guerras mundiales alteraron la geografía del arte y la vieja Europa dejaría de ocupar la posición privilegiada que había disfrutado durante siglos. La definitiva integración cultural de América, la radical vanguardia compositiva (concentrada en la ciudad alemana de Darmstardt), la canonización de los repertorios históricos y la definitiva mezcla de estilos serían algunos de los nuevos rasgos en la creación musical. El viraje hacia nuevas culturas musicales se resume emblemáticamente en Nueva York en 1945 con la convivencia de la venerable tradición clásica y la frescura improvisada del jazz, final de este viaje histórico y anticipo de la postmodernidad actual.

Conciertos de este ciclo