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El cerebro ha contribuido de forma específica a la construcción de la inteligencia operativa. Este órgano y su estructura son producto de la evolución biológica, etológica y tecnológica del género Homo. Los elementos que contribuyen al aumento de la complejidad de nuestro tejido cerebral, a aparte de la evolución biológica, son la sociabilidad genérica, que tenemos como familia de los homínidos, además de nuestra capacidad de adaptación extrasomática a través de las herramientas que concebimos y producimos con nuestras extremidades superiores.

La retroalimentación neuromecánica que se produce en el transcurso de los tres últimos millones de años entre cerebro y extremidades superiores es, según nuestra opinión, la responsable de la morfología y estructura de nuestro cerebro. Por lo tanto la coevolución cerebro-herramientas, y la  posterior conversión de la capacidad técnica en tecnología, han configurado un ser con capacidades que no disponen otros animales mamíferos.

Junto a la producción de herramientas, el lenguaje constituye una capacidad adaptativa que no se da de manera tan consistente en otros grupos de primates. Es, por lo tanto, desde la perspectiva de la asociación de propiedades que debemos entender cómo ha sido seleccionado el cerebro humano. A diferencia de otros, la contribución específica de la neuromecánica, la habilidad y el lenguaje, constituyen elementos fundamentales para una interpretación del cerebro social de nuestro linaje.

La evolución del género Homo a través de diferentes especies hasta constituir un árbol filogenético en el que solamente ha quedado nuestra rama, representada por Homo sapiens, nos plantea interrogantes evolutivos sobre el tamaño y uso social del cerebro y futuro de nuestra especie. Los cerebros de los homínidos de nuestro género han aumentado desde los 500 centímetros cúbicos de media en el Plioceno, hace cerca de 3 millones de años en la sabana africana, hasta el cerebro de Homo neanderthalensis (1600 c.c.) y Homo sapiens (unos 1500 c.c.). Excepto Homo floresiensis, con una capacidad de 350 centímetros cúbicos, un epifenómeno, el aumento cerebral ha sido fundamental en nuestro desarrollo social.

Esperemos que la socialización de la ciencia permita aprovechar las ventajas de un cerebro grande, bien estructurado y que facilite la solución de problemas que antes la selección natural solucionaba, y que ahora la selección cultural ha matizado en forma de cultura tecnológica provocando situaciones sociales que nunca antes se habían dado.

Por primera vez en la historia evolutiva de nuestro género, la lógica y el conocimiento pueden sustituir al azar en los procesos adaptativos de los primates humanos. La hominización y la humanización son procesos interrelacionados en el que el último de ellos ha tomado la delantera en sociedades bien estructuradas. Veremos cómo nuestro cerebro se adapta a las nuevas situaciones generadas por la revolución científico-técnica. Solamente la transformación del conocimiento en pensamiento puede sernos eficaz para nuestra pervivencia en el planeta. El cerebro continúa siendo el órgano fundamental en el progreso consciente de nuestro linaje.

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