Félix de Azua
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Magnífico invento del romanticismo tardío, el dandy es otra de las múltiples figuras construidas por la burguesía para sustituir los valores de una aristocracia decapitada. Aquella sociedad que se había quedado sin cabeza avanzaba a tientas por la revolución industrial, cuando la democracia y su correspondiente control técnico aún estaban en ciernes y carecían de apoyatura mediática, es decir, de los ojos y la boca de la sociedad dineraria.

Por esta razón el dandy forma parte de la extensa familia romántica de los héroes triviales que muestran a las masas su inadecuación al sistema, sea bajo la forma del rebelde, del maldito, del insumiso o del revolucionario de salón, en sustitución de los viejos modelos religiosos y eclesiásticos del santo, el mártir y el elegido. Su capacidad integradora dio lugar al mercado de la Moda.

La figura, sin embargo, no se agota en el arquetipo tardo romántico sino que se prolonga hasta ocupar el siglo XX en su totalidad a través del llamado "artista de vanguardia" o "intelectual comprometido" y aún se arrastra moribundo por nuestro siglo XXI.

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