Emilio Lamo de Espinosa
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En un conocido artículo que publicó en 1989 en el New Yorker, Robert Heilbroner, viejo socialista americano, escribió: "Menos de 75 años después de su comienzo, la competición entre el capitalismo y el socialismo ha acabado: el capitalismo ha ganado... El capitalismo organiza los asuntos materiales de la humanidad de modo más satisfactorio que el socialismo. Y poco después añadirá: excepto esporádicamente, las libertades democráticas no han aparecido en ninguna nación que se haya declarado anti-capitalista". 

Efectivamente, para unos 1989 fue sólo el fin de la Guerra Fría, la tercera (por fortuna non nata) Guerra Mundial, formalizada en Yalta con la división de Europa y abierta en 1945, y ganada por el denostado Presidente Reagan a una anquilosada Unión Soviética, momento que abre no solo la unificación alemana sino la de toda Europa, la E.U. actual de 27 países. Para otros 1989 sería nada menos que el final del "corto" siglo XX, un siglo que habría comenzado tarde (en la Gran Guerra del 14) con la liquidación de los viejos Imperios (austro-húngaro, alemán, ruso,  otomano, incluso británico) y la Revolución Rusa, para cerrarse pronto con la caída de la Unión Soviética.

Pero en todo caso es evidente que 1989 clausura un siglo de luchas sociales, de guerras civiles europeas primero, pero mundiales y de confrontación Este-Oeste después, tensión política que ha constituido la historia del mundo durante los últimos cien años, y que se reflejó en el pensamiento en la tensión entre los marxismos y los anti-marxismos, hasta hace poco "horizonte indiscutible de nuestro tiempo". Una clausura que abrió el triunfo de la libertad en una poderosa tercera ola democratizadora, sustento a su vez del actual proceso globalizador.

Puede que sea, sin embargo, una victoria pírrica. Pues si 1989 aseguró el triunfo del Occidente liberal, el triunfo de la tecnología y la racionalidad científica, el triunfo de la economía de mercado y el del Estado democrático, su misma universalización relega a la vieja Europa, pequeña y mal unida, a una posición marginal en el mundo, el nuevo Extremo Occidente de un Asia pujante y poderosa.   

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