menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Juan José Carreras
ver vídeo

Juan José Carreras

El caso de Beethoven URL: https://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?id=2735
Pretender ganarse la vida como compositor fue, a principios del siglo XIX, algo inaudito.
Durante siglos, vivir de la música supuso estar al servicio de un señor o una institución cívica o religiosa. Johann Sebastian Bach conoció bien estos tipos de patronazgo y nos dejó reflexiones muy concretas acerca de las ventajas y desventajas de cada uno de ellos: las cortes podían ofrecer medios excepcionales pero eran inestables por naturaleza (la bancarrota o los vaivenes del favor cortesano eran inherentes a la lógica del sistema). Por su parte, instituciones cívico-religiosas como la Escuela de Santo Tomás, la vetusta institución lipsienese en la que Bach trabajó como funcionario municipal durante casi treinta años, suponían un trabajo rutinario agotador no sólo en lo musical, sino también en lo que ahora llamamos el managment o gestión musical. Al margen de la experiencia directa de Bach quedó la moderna ópera italiana que ofrecía, incluso a las mujeres, la posibilidad de una carrera internacional en el teatro.

Beethoven conoció por tradición familiar el viejo patronazgo en sus primeros pasos profesionales en Bonn. De hecho, cuando se instaló en Viena en 1792, seguía todavía considerándose miembro de la capilla palatina de su ciudad natal. Sin embargo, muchas ideas estaban cambiado en esos mismo años en la concepción que se tenía de la música. Una personalidad como Haydn, con el que Beethoven estudió un tiempo, había elevado el arte de la composición hasta extremos nunca vistos. Las prestaciones de los músicos que se contrataban en la Europa de su tiempo habían girado hasta entonces siempre en torno a la ejecución musical. Producción, interpretación y creatividad estaban interrelacionadas a través de las habilidades prácticas del músico que debía servir en una determinada función. El hecho de que en los años noventa del siglo XVIII alguien como Haydn iniciase -una vez licenciado de su servicio como maestro de capilla de los Esterhazy- una postrera carrera como compositor free lance y fuese considerado a su muerte en 1809 sobre todo como “Musikschriftsteller”, es decir, como escritor musical, supuso un extraordinario cambio en la percepción contemporánea de lo que podía ser un músico y, en consecuencia, de cómo podía ganarse la vida.

A lo largo de su vida, Beethoven reclamó con insistencia este nuevo y excepcional estatuto del músico y se convirtió así, para todo el siglo XIX, en el arquetipo del artista romántico. Esta intensa y compleja recepción de la figura de Beethoven dificulta la apreciación de su biografía, repleta de enigmas y trampas, también en este aspecto concreto. Sin embargo, está claro que la estrategia profesional de Beethoven combinó en grados diversos los recursos del creciente mercado musical de su tiempo (es decir, los contratos de edición de sus obras y los conciertos), con el patronazgo local de la nobleza. Prueba de ello es la pensión anual concedida al compositor a partir de 1809 por el archiduque Rodolfo y los príncipes Lobkowitz y Kinsky “para dedicarse a la creación de grandes obras”. Por entonces comenzaba a ser evidente que el mercado que impulsaba la revolución económica y política no bastaba para asegurar la subsistencia del artista moderno, incluso (o sobre todo) del artista genial. Como muestra de forma paradigmática la vida de Beethoven, el mecenazgo, la subvención institucional, tuvo que renovarse, pues vivir exclusivamente como Tondichter, como poeta musical al decir los románticos, era difícil. En cierta manera, lo sigue siendo hoy.
Escríbenos un comentario sobre este contenido:
Envíe su comentario




© Aviso legal
Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
http://www.march.es