Amelia Valcárcel
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Cómo vivir en un mundo global y desengañado: el camino del universalismo y el cinismo de la voluntad

El mundo es global y lo es desde hace poco tiempo. Esta afirmación ya no es polémica.  Incluso quienes se denominaban movimientos antiglobalización ahora prefieren llamarse Altermundistas.  Sin embargo, hay algo que no se subraya de este mundo globalizado: que es también un mundo desengañado. Viene de constatar los fracasos de sus falsas esperanzas y de jubilar los grandes relatos que les iban asociados. Debe ahora enfocar la luz sobre  lo que queda en pie de sus saberes y fortalezas.


El juicio sobre la época que nos toca se transforma sistemáticamente en un juicio a la Ilustración, el  pensamiento que abrió los caminos que transitamos. La autoconciencia humana vino acompañada de un programa moral y político para el que progreso y universalismo ponían la pauta. Ahora, cuando el concepto de racionalidad colectiva se hace necesario, constatamos sus límites. Nos volvemos hacia el sentimiento porque desconfiamos de la razón como guía de la buena acción común.  Habitamos un mundo que no quiere buenos principios,  porque parece carecer de la fuerza necesaria para traducirlos a la realidad.

 

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