Ignacio Martínez Mendizábal
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Uno de los grandes problemas en el estudio de la historia evolutiva de los seres humanos es el del origen del lenguaje. Desde el punto de vista de la Paleontología, y puesto que las palabras no fosilizan, se trata de establecer cuándo, en qué especie y en qué circunstancias aparecieron las estructuras anatómicas que soportan nuestro modo natural de comunicarnos: el habla. Para ello, se han ideado, a lo largo del último medio siglo, dos distintas vías de aproximación al problema: una centrada en reconstruir la anatomía de la garganta de los diferentes homininos fósiles y la otra consagrada al estudio de los moldes endocraneales. En ninguna de ambas se han alcanzado resultados convincentes.

Una línea de investigación novedosa lo constituye el estudio de los patrones de audición (audiograma) en especies actuales y fósiles. El audiograma de la mayor parte de especies de platirrinos y catarrinos está caracterizado por dos "picos" de mayor sensibilidad situados en torno a 1 y 8 kHz, respectivamente, separados por una zona de menor sensibilidad en las denominadas "frecuencias intermedias", entre 2 y 4 kHz. A diferencia del resto de "antropoideos", los humanos presentamos nuestra mayor sensibilidad auditiva precisamente en esas "frecuencias intermedia", que son en las que resuena la voz humana.
   
A partir de tomografías axiales computarizadas de la región del hueso temporal (más de 100 tomografías por ejemplar), ha sido posible reconstruir digitalmente las cavidades del oído externo y medio en cinco ejemplares del yacimiento mesopleistoceno de la Sima de los Huesos (Sierra de Atapuerca) atribuidos a la especie Homo heidelbergensis. Sobre estas reconstrucciones se han medido una serie de variables anatómicas a partir de las cuales, y usando un modelo circuital que reproduce el funcionamiento del oído externo y medio, se ha reconstruido el filtrado acústico de los sonidos  a través de dicho oído externo y medio. Este filtrado acústico es el factor determinante del patrón auditivo de cada especie: la posición y ancho de banda de la zona de mayor sensibilidad. Los resultados obtenidos son inequívocos y muestran que los ejemplares de la Sima de los Huesos tuvieron un patrón auditivo similar al de las poblaciones humanas modernas (tanto en la posición de la zona de mayor sensibilidad, como en la magnitud de su ancho de banda) y muy diferente al de los chimpancés.

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