Rosa Sala Rose
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Thomas Mann logró la proeza de equilibrar una tensión heredada del Romanticismo y que parecía imposible de resolver: la de vivir simultáneamente como burgués y como artista. A costa, eso sí, de renunciar a la sensualidad y a la vida: lo que él llamaba elocuentemente “los perros encadenados en el sótano”. Las inevitables tensiones que producía ese equilibrismo forzado afloran una y otra vez en su trayectoria vital, pero Thomas Mann supo sublimarlas en su literatura. A ellas les debemos lo mejor de su extraordinaria obra, tan imbricada con su vida como en su día lo estuvo la de Goethe, de quien Thomas Mann se creía legítimo sucesor.

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