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Rávena: espacio y tiempo de una ciudad entre Oriente y Occidente URL: https://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p1=100337

Italo Calvino en su libro Las ciudades invisibles expresaba cómo "Las ciudades están hechas de relaciones entre las dimensiones de su espacio y los acontecimientos de su pasado", pues bien esta apropiada definición, que describe cómo se puede entender una ciudad desde la memoria, nos sitúa perfectamente ante el caso de Rávena. Una ciudad de ciudades, desde época etrusca hasta la actualidad y donde la fuerza de su imagen se detiene en el final de la Antigüedad y los inicios del Alto Medioevo. En esos siglos del V al VIII, donde fue capital del Imperio romano de Occidente (402-476 d.C.), sede regia de los Ostrogodos (493-540 d.C.) y principal ciudad bizantina en Italia (540-751 d.C.). Espacios urbanos por los que transitaron los romanos Honorio y Gala Placidia, el ostrogodo Teodorico el Grande y que reflejaron los deseos imperiales de Justiniano y Teodora, documentan un paisaje de palacios, iglesias, baptisterios, mausoleos, mosaicos, viviendas, áreas comerciales, puertos y zonas productivas, reflejo de la vida de una época de cambios y transformaciones. Una ciudad condicionada por la morfología de un territorio de numerosas lagunas separadas del mar por cordones dunares y surcado por diversos cursos fluviales.

Será durante el siglo V en el que Rávena, ya como capital imperial, experimentará su mayor crecimiento, con una destacable actividad constructiva que producirá un paisaje monumental de alto nivel, definido por el pulso oriental de la influencia urbanística de Constantinopla. En esta época se articulará el paisaje de esta conurbación urbana conocida como Rávena, con su recinto amurallado, el suburbio meridional de Cesarea y al sur el puerto de Classe, todos ellos unidos por un gran canal que discurría en paralelo a la inmediata línea de costa. Sin embargo, será en el siglo VI, ostrogodo y bizantino, cuando la ciudad adquiera su fisonomía más característica. Las grandes obras de saneamiento de zonas pantanosas emprendidas por el rey Teodorico así como el impulso al puerto de Classe, posibilitaron la gestación de un paisaje urbano con nuevas construcciones religiosas, palatinas y comerciales que hicieron de Rávena una dinámica y bulliciosa capital, además de un centro intelectual y cultural sin parangón en el Occidente. Bajo el dominio bizantino se mantendrán estas constantes y se incrementará la ya característica relación con Oriente, con nuevos edificios, nuevas arquitecturas de poder y un renovado dinamismo económico. Época en la que se camina por espacios de encuentro de gentes, ideas, elementos culturales, mercancías, que ponen en contacto a las diferentes orillas mediterráneas orientales, norteafricanas y occidentales.

Y así se construye la imagen de una ciudad, que en sus momentos críticos del siglo VIII seguía emitiendo con fuerza mensajes e ideas que hicieron posible que Droctulft, un guerrero del ejército lombardo que la asediaba, abandonara a los suyos y muriera defendiendo Rávena. Pero la imagen pervivió, y así Carlomagno cuando se reivindicó como sucesor del Imperio romano, se inspiró en los edificios, en los paisajes de Rávena para construir su nueva capital y edificios palatinos de Aquisgrán. Las dimensiones de su espacio y los acontecimientos de su pasado habían contribuido a la gestación de un espacio fundamental de la memoria mediterránea y europea: Rávena.

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