Anna Caballé
Anna Caballé
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Siguiendo el hilo de la famosa frase de Voltaire, “Il faut cultiver son jardin” (Hay que cultivar nuestro jardín) que, en el contexto de Cándido, es la expresión de una derrota, cabe pensar que también las escritoras románticas (Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Juana de Vega –condesa de Espoz y Mina–, entre otras), después de una juventud fogosa, desafiante y temperamental, de bregar contra la mentalidad masculina que acogía con desdén su deseo de dedicarse profesionalmente a las letras, se retiraron del mundo y se refugiaron en la soledad silenciosa y melancólica de su experiencia acumulada. Sin embargo, ahora consideramos que su labor no fracasó: fueron pioneras en la incorporación profesional de la mujer a la literatura.
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