Francisco Javier Gómez Espelosín
Francisco Javier Gómez Espelosín
De izda. a drcha.: Francisco Javier Gómez Espelosín y Lucía Franco
Francisco Javier Gómez Espelosín
De izda. a drcha.: Francisco Javier Gómez Espelosín y Lucía Franco
De izda. a drcha.: Francisco Javier Gómez Espelosín, Lucía Franco y Luis Alburquerque García
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La importancia del viaje como forma de conocer el mundo circundante figura como una condición primordial del historiador tal y como lo concibieron los griegos. La autopsía, o testimonio personal, constituye en efecto la mejor garantía de la credibilidad del relato. Quizá ya desde Hecateo de Mileto a finales del siglo VI a. C., y con seguridad a partir de Heródoto a mediados del siglo V a. C., los historiadores se convierten en viajeros incansables que tratan de trasmitir su imagen del mundo con especial atención a las tierras y pueblos más lejanos. La tarea no resulta fácil a causa de la penuria de los viajes, de los obstáculos de comunicación y de las dificultades de trasmitir realidades nuevas e insólitas a un auditorio que no estaba habituado a ellas.

Tanto Jenofonte en su relato de la expedición de mercenarios que llegó hasta las cercanías de Babilonia, como después los historiadores de Alejandro a la hora de referir los detalles de la asombrosa campaña macedonia o Polibio durante sus viajes por el lejano occidente, experimentaron estas circunstancias. Imperaba además el afán por demostrar la credibilidad del relato frente a la posible desconfianza del auditorio ante historias y anécdotas aparentemente increíbles que suscitaban la admiración y el asombro. La presencia in situ, la aportación de detalles y medidas, las comparaciones con objetos familiares o la exhibición de una aparente mesura a la hora de rechazar lo fantástico y extraordinario fueron algunas de las estrategias utilizadas para conseguir este objetivo.

Al igual que Ulises, que vio muchas ciudades y conoció la forma de ser de muchas gentes, los historiadores griegos siguieron sus pasos y de la misma forma que el héroe, pretendieron salir airosos de las situaciones, reales y ficticias, que exponían en sus relatos.

  • André, J. M. y Baslez, M-F., Voyager dans l´Antiquité, Fayard: París, 1993.
  • Gómez Espelosín, F. J., El descubrimiento del mundo. Geografía y viajeros en la Grecia antigua, Akal: Madrid, 2000.
  • Hartog, F., Mémoire d´Ulysse. Récits sur la frontière en Grèce ancienne, Gallimard: París, 1996.
  • Jacob, Ch., Geografia y etnografía de la Grecia antigua, Bellaterra: Barcelona, 2008.
  • Marasco, G., I viaggi nella Grecia antica, Edizioni dell´Ateneo & Bizarri: Roma, 1978.
  • Morere, N. (ed.), Viajes en el Mediterráneo antiguo, Editorial Ramón Areces: Madrid, 2009.
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