Fernando Quesada Sanz
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La cultura palacial de Creta, que solemos llamar "minoica", se desarrolló durante la Edad del Bronce ya desde los primeros siglos del II milenio a. C. Fueron estrechos desde el comienzo sus vínculos con el mundo del Próximo Oriente y el Egipto faraónico, cimentados en intensas relaciones comerciales. Es posible que el propio nacimiento de los imponentes centros palaciales minoicos, complejos tanto en su arquitectura como en su funcionamiento, se inspiraran en los sistemas palaciegos de Siria y Mesopotamia. La cultura minoica generó además, en torno a esos palacios de Cnosos, Festo, Mallia y Zakro, verdaderas ciudades, además de otros centros dispersos por toda la isla. La solidez del sistema social, político, religioso y económico así generado demostró una gran solidez: el pavoroso terremoto de c. 1700 a. C. solo reforzó el sistema palacial, con la reconstrucción de los ahora llamados "Segundos Palacios", aún más grandiosos que los anteriores, en especial en Cnosos. Creta ejerció una intensa influencia cultural por todo el Egeo, no solo en islas como Santorini, sino incluso en el continente griego, particularmente en la zona de Mesenia, en el Peloponeso, donde aparecieron en el bronce Medio modelos arquitectónicos, como la tumba circular de tipo tholos, de procedencia cretense.

Y sin embargo, la cultura minoica no era "griega". Los sistemas de escritura palaciales, en particular la llamada "Lineal A", todavía no descifrada, reflejan que la lengua minoica sin duda no era griega, como tampoco muchos de los rasgos conocidos de su religión. ¿Por qué entonces es estudiada siempre en los manuales de Arqueología como parte de la cultura griega? No porque Creta forme parte del estado heleno actual, sino porque cuando hacia el 1600 a. C. surgió en Grecia Continental una nueva y poderosa civilización, que llamamos micénica, encontró en el espejo de Creta una serie de modelos para su propia estructura palacial.

El prestigio minoico fue tal que sin duda artesanos cretenses, orfebres y armeros, pintores y arquitectos, contribuyeron al principio a la creación de una cultura material de Micenas, Pilos y los demás palacios micénicos. Incluso, cuando los señores micénicos descubrieron que necesitaban la escritura para controlar el complejo sistema palacial, adoptaron y adaptaron la escritura Lineal A minoica para su propia lengua, que es indudablemente una forma arcaica de griego, generando la Lineal B. Y sin embargo, aun empleando en origen elementos arquitectónicos y constructivos minoicos, como sus características columnas, o la pintura al fresco, los palacios micénicos acabaron siendo estructuras profundamente distintas a los palacios minoicos, reflejo de una mentalidad diferente. Destacan sobre todo sus poderosas fortalezas, que ya los griegos antiguos consideraban sobrehumanas, obra de los Cíclopes, aunque en contra de lo que se suele creer, también en Creta minoica hubo murallas en ciertos lugares. Eran las fortalezas micénicas una contundente expresión de poder, de ambición de dominio militar y territorial.

Del mismo modo, las tumbas de tipo tholos que tomaron de Creta acabaron sirviendo a funciones (sepulturas reales), distintas de las originales. Las monumentales tumbas de los señores micénicos, encabezados por el wanax, especialmente las imponentes de Micenas –el Tesoro de Atreo, la Tumba de Clitemnestra…– constituyen hitos de la arquitectura antigua, monumentalizada al servicio de la exaltación personal o dinástica de sus promotores.

Finalmente, Micenas acabó dominando y absorbiendo Creta, de modo que, por ejemplo, la última fase del palacio de Cnosos, la que hoy visitamos, estuvo al servicio de un príncipe micénico, quien trajo sus carros de guerra, empleó un archivo en lengua griega y decoró las paredes con griegos heráldicos y panoplias de armas de sabor claramente micénico. Al tiempo, las delicadas estructuras de la villa minoica de Haghia Triada fueron aplastadas bajo la masa de los cimientos de un megaron, el núcleo y símbolo arquitectónico del poder griego.

Ambas culturas, pues, en origen distintas, acabaron trabadas entre sí, de forma que no se puede entender y estudiar una sin la otra. Ambas desarrollaron formas de vida urbana que se proyectaron materialmente en palacios, urbes y tumbas de fuerte dimensión arquitectónica, cuyos vestigios se ofrecen hoy, no solo como una contundente prueba material de su existencia, sino como expresión privilegiada de su personalidad.

  • AA. VV., Desperta Ferro Arqueologia e Historia, 17 (Creta minoica), 2018,
  • Cline, E. H. (ed.), The Oxford Handbook of the Bronze Age Aegean (ca. 3000-1000 BC), Oxford University Press: Oxford, 2010.
  • Dickinson, O., La Edad del bronce egea, Akal: Madrid, 2000.
  • García Iglesias, L., Los orígenes del pueblo griego, Síntesis: Madrid, 1997.
  • Schofield, L., The Mycenaeans, British Museum Press: Londres, 2007.
  • Shelmerdine, C. W. (ed.), The Cambridge Companion to the Aegean Bronze Age, Cambridge University Press: Cambridge, 2008.
  • Treuil, R. et alii, Las civilizaciones egeas del neolítico y de la edad del bronce, Labor: Barcelona, 1992.
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