Luis Gago
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Si a comienzos del siglo XIX Viena asistió a la consolidación del Lied como género esencial del Romanticismo, un siglo después esta misma ciudad vería la renovación del género. Mahler desempeñó en este proceso un papel crucial, contribuyendo de modo decisivo a integrarlo en la sala de conciertos: el Lied “sinfónico” adquirió carta de naturaleza en sus manos. Tanto los Rückert-Lieder como los Kindertotenlieder parten de poesías de Friedrich Rückert (1788-1866) y fueron compuestos originalmente para voz y orquesta, para ser luego adaptados al piano; el mismo Mahler los estrenaría desde el podio en un concierto celebrado en Viena a principios de 1905. Por su parte, Alexander von Zemlinsky, quien había impulsado personalmente el estreno de los Lieder mahlerianos, recorrió el camino inverso en sus Gesänge Op. 13: compuestos para voz y piano en 1910-1913, poco tiempo después los orquestaría el propio autor. Esta colección, basada en textos del poeta simbolista Maurice Maeterlinck (1862-1949), es posiblemente la mejor aportación de Zemlinsky al Lied en unos momentos críticos de transformación del género.

 

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