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Jovellanos es una de las mayores figuras de la Ilustración española, posiblemente quien supo encarnar de un modo más pleno los ideales y las ilusiones de su fase de madurez  bajo el reinado de Carlos III, como supo hacer patente a través de sus actuaciones y de sus escritos. Su trayectoria vital puede dividirse en una primera etapa como funcionario judicial en Sevilla, donde estuvo en contacto con otro de los grandes representantes del movimiento ilustrado, Pablo de Olavide, y donde realizó sus primeras actividades intelectuales tanto en el terreno del pensamiento como de la literatura. Una segunda fase se desarrolla en Madrid en contacto con las Academias Reales y con la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, hasta su envío en misión a Asturias. Allí comienza una tercera fase de su andadura en torno al Instituto Asturiano de Minas y subdividida en dos por el breve espacio de su ejercicio como Secretario de Gracia y Justicia en 1797-1798. Una penúltima etapa corresponde a la de su destierro por orden de Godoy a la isla de Mallorca, muy rica en reflexiones personales. Y finalmente, la última  etapa enfrenta al personaje con los hechos que prrecipitan el fin del Antiguo Régimen en España y con los difíciles dilemas de todos los ilustrados: colaboración con el gobierno de José I o apoyo a la Junta Central, fidelidad a la tradición constitucional o apoyo a las Cortes de Cádiz.

Importa sobre todo su riquísimo pensamiento, que conocemos suficientemente a través de sus numerosos escritos, muchos de ellos piezas fundamentales del pensamiento económico, político y social de la Ilustración española. A través de ellos, Jovellanos se nos presenta como la quintaesencia de la teoría del  reformismo ilustrado en su forma más elaborada y en dimensión más generosa. También se nos presenta como un hombre contenido siempre dentro de los liímites de ese reformismo ilustrado, es decir, siempre fiel al mantenimiento del Antiguo Régimen. Sus propuestas educativas aceptaron la desigualdad social, sus propuestas económicas no se atrevieron a una remoción radical de los obstáculos estructurales que se oponían al desarrollo del país, sus propuestas políticas no cuestionaron el respeto a la organización estamental del reino ni fueron más allá de la constitución tradicional de la Monarquía. Por ello Jovellanos fue una noble figura en un periodo de transición, que teorizó una coherente política reformista pero no pudo o no quiso pronunciarse a favor de una solución liberal para la futura organización de España.

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