Millán MIllán Muñoz
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Durante los últimos 20 años, resultados de varios proyectos europeos han desvelado la pérdida de tormentas de verano en la cuenca mediterránea. Además se detectan importantes diferencias para las estaciones de medición del interior y las de la costa, ya que mientras que la precipitación media anual sobre la franja costera no ha cambiado esencialmente, se ha visto que en las estaciones del interior tiende a disminuir. Otros datos significativos son el aumento de las lluvias torrenciales en general y, en particular, (que aumentan los eventos torrenciales) en la primavera.

A la luz de este cambio negativo en el régimen de precipitaciones y de acuerdo con los resultados de nuestras investigaciones,  podemos  afirmar que la disminución de la vegetación en las laderas de nuestras montañas y el aterramiento de los humedales en nuestras costas están contribuyendo de forma significativa en estos procesos de cambio climático. A modo de síntesis, la humedad que entra con las brisas del mediterráneo necesita un aporte extra de vapor de agua que provenga de la superficie terrestre para poder hacer "cuajar" las tormentas antes de incorporarse a la circulación general.  Si ese aporte no es suficiente, no se dispara la tormenta y el vapor de agua retorna y forma estratos de hasta 5500 m. de altura sobre el mar mediterráneo. En ese caso nuestras montañas litorales se comportan como chimeneas orográficas, que conectan los vientos en superficie con sus retornos en altura. Los ciclos de acumulamiento de este tipo suelen durar de 3 a 10 días en verano, y durante estos ciclos, el vapor de agua acentúa el efecto invernadero de otros contaminantes ya que éste es  47 veces más efectivo que el CO2 (p.ej. el ozono x 200);  con todo esto se recalientan tanto la superficie del mar como la superficie terrestre debido a la pérdida de tormentas
                     
Todos estos procesos alteran el equilibrio climático histórico en la cuenca mediterránea occidental y lo cambia hacia un nuevo estado más árido. Pero además, estas perturbaciones locales en el ciclo pueden propagarse a otras regiones del resto de la cuenca, y así este vapor de agua acumulado migra a zonas del este de Europa provocando las inundaciones que se han registrado en verano en Rumania, Austria, etc. Pero lo más importante de todo esto es que con estos cambios en el Mediterráneo también queda alterada y aumenta la corriente de agua salada que sale al Atlántico, lo cual a su vez afecta el paso de sistemas frontales atlánticos, que no entran en la península (perdemos tormentas, aumenta la sequía) y se desplazan provocando lluvias más intensas en Irlanda y Gran Bretaña en otoño. Esto significa que las perturbaciones se trasladan a otras regiones y no sólo a la misma cuenca.

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