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JOSÉ I Y LOS AFRANCESADOS

La imposición de José Napoleón como rey de España, después de serlo de Nápoles, provocó la llamada Guerra de la Independencia española. La mayor parte de la población luchó contra el rey, sobre todo una vez que se produjo la batalla de Bailén (julio 1808), y pareció que la aventura napoleónica había terminado. Pero hubo una minoría de españoles que lo aceptaron como rey desde el principio o bien cuando, con la ocupación de Andalucía en 1810, pareció que la suerte estaba decidida definitivamente.

Estos partidarios del rey, denominados Afrancesados, considerados como colaboracionistas por los patriotas fueron odiados de por vida. Hasta el punto de que durante generaciones se les consideró como traidores y malos españoles. A pesar de que entre ellos había buen número de intelectuales que, desde el punto de vista actual, lo que quisieron fue evitar la guerra y llevar a cabo un plan de reformas políticas que mejorarían la situación del país. Por su parte, el rey, llamado "El Intruso", hizo lo posible por aumentar el número de estos partidarios, muchos de los cuales le siguieron a Francia al término de la guerra.

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