menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Carlos García Gual
ver vídeo

Carlos García Gual

Precursores del ensayo y originalidad de Montaigne URL: https://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p1=22560

Montaigne no inventó el género ensayístico, aunque sí le dio un nombre propio, el de "ensayo", y potenció como nadie antes su aspecto personal, retratándose a sí mismo con una singular lucidez, presentando su "yo" en un primer plano, y marcando así el género con un sello propio como nadie antes. No se trata, pues, de regatearle originalidad cuando se señala que algunos claros precedentes de sus "ensayos", breves textos reflexivos y con acento personal sobre temas diversos, trufados de citas y anécdotas, se encuentran ya en autores antiguos, clásicos latinos y griegos, muy frecuentados por él. Es el caso de Plutarco y de Séneca (y en menor medida Cicerón y Luciano), no en vano, como se sabe, sus autores predilectos y más citados. Los temas tratados por Séneca y Plutarco coinciden a veces con los que ensaya Montaigne, que acude una y otra vez a sus libros y multiplica sus citas. A veces el formato se diferencia poco (en  griego esos breves textos en prosa tomaban el título general de  "charlas", "diálogos", o "cartas" (homilíai, o diatribaí, epistolaídiálogoi) y adquirir cierto tono declamatorio. Montaigne cita a menudo a esos autores clásicos, y otras veces los usa sin mencionarlos. No lo hace por un prurito de erudición, sino porque se apoya en ellos para sus propias reflexiones y disquisiciones. Toma de ellos lo que le gusta y conviene, es un gran lector "hedónico", como diría Borges. Y también los autores citados hacían algo semejante. Plutarco se esmeraba en recordar anécdotas históricas (no sólo en sus Vidas, sino también y ante todo en sus misceláneos Moralia) y buscar con ellos una cierta sagesse, mientras que  Séneca era más sentencioso y moralista, pero con un estilo mucho más personal, y liberal, ya que con manga ancha citaba a Epicuro tanto o más que a sus maestros estoicos. En el Renacimiento el género vuelve a cobrar nuevos bríos, en parte debido a esas mismas influencias (Erasmo aprecia sobre todo a esos mismos maestros: Séneca y Plutarco, y sus abundantes cartas muestran un  estilo coloquial y una singular apertura de espíritu de enorme influjo). El ensayista intenta conectar con sus lectores en una conversación fingida, con cierto tono familiar, y gusta de algunas alusiones a otros textos, siempre  al margen de los sermones y los tonos perfórales o técnicos, en una prosa ágil y moderna. En la literatura española del XVI hay un curioso precursor de esos ensayos, aunque por su estilo plateresco y retórico, de predicador cortesano, se distancie notablemente de la libre sinceridad y del estilo claro y preciso de Montaigne. Fray Antonio de Guevara (sobre todo con su Marco Aurelio y sus Epístolas familiares, obras de gran éxito en Europa y bien conocidas de Montaigne) merece también ser considerado en ese contexto, por su "voluntad de estilo" (como señaló ya J. Marichal) y por la relación con sus lectores. No para mengua de la obra de Montaigne, sino para apreciar mejor la singular originalidad y la agudeza de sus Ensayos.

Escríbenos un comentario sobre este contenido:
Envíe su comentario




© Aviso legal
Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
http://www.march.es