Ricardo San Vicente
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A la par que la tierra, el agua, el aire y el fuego, el dinero constituye el quinto elemento que, en cualquier caso, el hombre ha de tener cuenta con más frecuencia. En ello radica una de las causas, incluso quien sabe sino la razón primera, de que hoy, cien años después de la muerte de Dostoyevski,  sus obras conserven su carácter actual.
   Joseph Brodsky, Sobre Dostoyevski (1980)

La vida de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski está marcada por varios hechos y circunstancias. De los acontecimientos que modelaron su vida y su visión del mundo el más impactante fue su detención, condena a muerte, el simulacro de ejecución y los largos de años de condena a trabajos forzados en Siberia. De modo que la vida del escritor está profundamente dividida en tres partes: la anterior a la detención (1821-1849); la de los trabajos forzados y la deportación  (1849-1859) y el período de madurez y de las grandes obras (1859-1881).

El primer período se caracteriza por una prosa donde se perfilan los trazos característicos del escritor: el hombre pequeño como gran protagonista, el mundo abrumado de este ser en un ambiente marcado por el orden autocrático y burocrático de la Rusia Imperial. Tras los pasos de Balzac, Dickens o Sue,  el autor se adentra en el alma del ciudadano de pie, que es por otro lado su lector. Dostoyevski muy pronto se convierte en el narrador de  los movimientos del alma.

Tras una infancia marcada por el gris de un hospital público donde su padre trabajaba de médico  y unos estudios de ingeniería ajenos a sus intereses, el éxito literario le llegó en seguida al autor. Y en alas de este éxito fue a parar la prisión-fortaleza de Pedro y Pablo.  Pero antes de llegar a este dramático acontecimiento, tal vez tenga sentido referirnos en esta charla la  infancia y adolescencia, de la discutida relación con su padre, etc.
El período de reclusión, a pesar del dolor y las inevitables privaciones., o, quien sabe, a lo mejor gracias a los sufrimientos soportados, es una época de cosecha. El propio autor le confiesa a su hermano Mijaíl  que en la Casa Muerta recogió más historias de las que sería capaz de contar en lo que quedaba de vida.

De nuevo, tras los años de prisión, viene el éxito, sólo empañado por la facilidad que el escritor pierde el dinero en el juego y las muchas obligaciones que contrae con sus allegados. De hecho se podría decir que, gracias a las privaciones y a la única manera que tenía Dostoyevski para luchar contra ellas, que era escribir, le debemos en parte su extensa y profunda obra. 


 

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