Bernat Hernández
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Cuando se cumplen quinientos años de convertirse en el primer clérigo que cantara su primera misa en el Nuevo Mundo, Bartolomé de las Casas (1484-1566) continúa siendo una figura de actualidad. Más allá de su dimensión religiosa, aupado puntualmente a primera línea de los medios de comunicación en 1992, con motivo de las conmemoraciones colombinas, y en 2000, cuando se abrió su proceso de beatificación, su biografía ha interesado a historiadores, filósofos, literatos o artistas, dando lugar a opiniones no ya discrepantes sino visceralmente opuestas. Pocas figuras históricas han sido sometidas a semejantes juicios extremos. Quien se definiera a sí mismo como consciente de ser "cristiano, fraile, obispo y español, súbdito de los reyes de España", ha sido considerado por muchos como el padre intelectual de la leyenda negra que tachó la fama de la España imperial. Repasar su itinerario biográfico permite comprender muchas de estas percepciones ambiguas. Es difícil distinguir al hombre de principios morales insobornables del actor político que supo moverse hábilmente en los círculos de poder de su época, distinto también del clérigo de mensaje profético y milenarista. Por entorno histórico y orígenes familiares participó en las primeras expediciones al Caribe y llegó a disponer de aborígenes a su cargo. Sucesivas crisis de conciencia le condujeron a una carrera eclesiástica y a una vocación de defensa de los indígenas del Nuevo Mundo. En su momento de plenitud alcanzó la mitra de Chiapas en tierras mexicanas, pero sus propuestas de evangelización le concitaron la animadversión de los colonizadores. En 1547 regresó definitivamente a España y nunca más volvió a Indias. Tres años después renunció al obispado de Chiapas, pero continuó con sus denuncias contra la explotación de los indios. Su discurso se hizo mucho más drástico exigiendo la restitución de todas aquellas tierras y riquezas arrebatadas ilegítimamente a los indígenas americanos. En vísperas de su muerte, ya en la ochentena, el balance de su vida es fabuloso. Ante un Carlos V que en su discurso de abdicación en Bruselas en 1555 hizo un solemne y célebre recuento de sus viajes y estancias en cuarenta años: 6.400 leguas recorridas, de ellas 3.700 por tierra a caballo, Bartolomé de Las Casas se alza como un coloso viajero. En medio siglo, recorrió más de 22.400 leguas. De ellas, 15.400 por mar, unas 7.000 por tierra. De éstas, probablemente unas 4.000 a pie.
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