Ana Vega Toscano
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Cine mudoMELODRAMA Y STAR-SYSTEM (V)Los cuatro jinetes del Apocalipsis

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  • Fecha: 18/02/2011
  • Presentación:
    • Lucía Franco

Con un tango de coreografía imposible y fuerza erótica innegable, Rodolfo Valentino, hasta entonces un actor desconocido, se convirtió con una velocidad inusitada en el gran amante del cine. El star-system tenía apenas diez años de vida, pero había alcanzado ya una madurez completa, como el mito Valentino demostraba. Y quien supo ver la habilidad en los movimientos de bailarín de la joven estrella, así como su facilidad extraordinaria para posar fue Rex Ingram, uno de los grandes directores del Holywood de los años 20, época de afianzamiento en los avances tan rápidamente logrados en el lenguaje cinematográfico. Al igual que Murnau, su preocupación por los aspectos plásticos  le llevó a un preciosismo visual que tuvo en Los cuatro jinetes del Apocalipsis uno de sus mas logrados ejemplos. Ingram había estudiado escultura, y su capacidad para lograr transmitir misticismo y romance encontraron un vehículo perfecto en la novela de Blasco Ibáñez, verdadero best-seller del momento, que le proporcionaba la posibilidad de crear atmósferas muy distintas, desde Argentina a París, con escenas de gran fuerza en terrenos emocionales dispares,  como la batalla del Marne o el  famoso tango inicial. La composición es en todo momento elemento esencial para el director, en ningún  momento queda nada al azar, ni los escenarios ni los personajes que se mueven en ellos con elegancia. Fue imprescindible para lograrlo el poder  contar con una fotografía de gran belleza, realizada por su habitual colaborador John Seitz, así como con el trabajo preciso de un excelente plantel de actores secundarios para enmarcar la historia de amor central, y con todos estos elementos Ingram demuestra ser una figura importante para comprender la evolución en la fuerza expresiva de las imágenes en el lenguaje audiovisual. En su momento el director fue un nombre seguro para el público: este irlandés de pura cepa, definido por James Joyce como “el maestro de la ostentación”, hacía siempre gala de una riqueza visual que no dejaba indiferente en ningún momento. Pero para Ingram el cine era sobre todo un gran fresco desarrollado en el tiempo, y los aspectos de combinatoria sonora con la palabra no entraban en su discurso: por ello su creación se mantuvo en el  ámbito del cine mudo. Poder volver a contemplar Los cuatro jinetes del Apocalipsis nos sirve para comprender la intensidad emocional lograda por los maestros del melodrama a través de unas estrategias que, fijadas por ellos en esos primeros años del cine, permanecieron como fundamento del género en la cinematografía posterior.

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