José Manuel Sánchez Ron
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Marie Sklodowoska-Curie (1867-1934) forma parte de los iconos del siglo XX. Distinguida científica (nadie antes que ella recibió dos Premios Nobel; en su caso el de Física, en 1903, y el de Química, en 1911), consiguió que la radiactividad, un fenómeno físico descubierto en 1896 por Henri Becquerel que inicialmente no atrajo demasiada atención, alcanzase su mayoría de edad, comenzando con el descubrimiento, realizado en 1898 en colaboración con su esposo, Pierre Curie, de dos nuevos elementos: el polonio y el radio. En esta serie de dos conferencias se pasará revista a su biografía, prestando atención no sólo a su actividad científica sino también a la social. Así, en la primera se analizarán sus orígenes; esto es, el país, Polonia, en el que nació y las circunstancias que rodearon los años que van desde su nacimiento hasta 1891, cuando tomó un tren que la condujo a París. Aunque a partir de entonces Francia fue su hogar, Marie Curie nunca dejó de ser una patriota polaca; por este motivo, en esa primera conferencia se considerará también la historia política de Polonia, dominada cuando nació Marie por Rusia, así como la situación de su ciencia en el contexto de la Europa científica de aquellos años.

La segunda conferencia tratará en primer lugar de la obra científica de Marie Curie; de las circunstancias que la condujeron – primero en solitario y luego en colaboración con su esposo, Pierre Curie – a dedicarse a la radiactividad, y las contribuciones que realizó en este campo. De hecho, el éxito científico llegó pronto al matrimonio Curie, y con éste la fama, una fama que a partir de 1906 Marie debió de manejar en solitario, al fallecer su marido víctima de un accidente. En las casi tres décadas que sobrevivió a su esposo, Marie Curie no abandonó la investigación científica, aunque sí amplió sus intereses, preocupándose por la institucionalización de la radiactividad, así como por la aplicación de ésta a la medicina y a la industria. Mujer comprometida política y socialmente, Marie Curie participó en algunos de los acontecimientos y movimientos sociales más notables del primer tercio del siglo XX, como la Primera Guerra Mundial, en la que organizó un servicio radiológico, o la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. No es sorprendente, por consiguiente, que se convirtiese en un ejemplo a imitar, en particular para las generaciones de mujeres que comprendieron que la investigación científica no constituía un apartado ajeno a sus habilidades. Si Marie pudo, ellas también podrían. De esta manera, su legado – que continuaron, como también se mostrará en estas conferencias, sus hijas, Irène y Ève – constituye una de las piezas más sobresalientes, al igual que conmovedoras, de todo el siglo XX.
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