Jordi Agustí
ver vídeo

De acuerdo con la teoría de la evolución en vigencia desde hace más de 100 años, el darwinismo, la persistencia de individuos que no pueden contribuir reproductivamente a la siguiente generación constituye un ejemplo pasmoso de ineficacia evolutiva. El darwinismo postula que las especies que sobreviven a lo largo del proceso evolutivo son aquellas que contribuyen a la siguiente generación con mayor número de descendientes (que, de esta manera, difunden el propio patrimonio genético). Desde esta perspectiva darwiniana, la persistencia de individuos muy longevos que ya no pueden contribuir a la perpetuación de la especie ha constituido desde siempre una paradoja evolutiva: ¿para qué sirven los individuos -machos o hembras- una vez han superado la edad de procreación y de transmisión del propio acervo genético? En particular, el descubrimiento reciente en el yacimiento de Dmanisi, en Georgia, fechado en cerca de 1.800.000 años, de un individuo muy viejo que había perdido toda su dentición, ha obligado a replantear crudamente esta cuestión.
No tenemos noticia de ningún otro hominino fósil que presente una pérdida tan acusada de la dentición y de la remodelación de la mandíbula.  Los posteriores especímenes de finales del Pleistoceno de Bau de l’Aubésier y de La Chapelle-aux-Saints tenían la dentición más completa en el momento de la muerte. Pero hay que tener en cuenta también que estos últimos se trata de neandertales, formas muy evolucionadas, con un gran cerebro y una avanzada cultura. Asimismo, son extremadamente raros los ejemplos registrados de primates no humanos salvajes que presenten un grado parecido de insuficiencia masticatoria.  Ya que hoy día no existen simios en los ambientes templados parecidos al de Dmanisi, sólo se pueden considerar las implicaciones conductuales del nuevo ejemplar en el contexto de los datos bioculturales conservados en el yacimiento.  D3444 y D3900 se recuperaron del estrato B1 del bloque 2, que también contenía artefactos de piedra así como ocho huesos animales con cortes por herramienta de piedra y señales de percusión, indicadores del procesamiento de cadáveres de animales y del consumo de carne, tal como se ha hallado en otros yacimientos con homínidos del Plioceno y de principios del Pleistoceno. La carne puede haber sido la clave del éxito de estos homininos habitantes de altas latitudes, especialmente en invierno, y puede que el consumo de tejidos blandos como tuétano o cerebro haya aumentado la posibilidad de supervivencia de los individuos con insuficiencia masticatoria.  Dada la ausencia de árboles con frutos en el entorno de Dmanisi, es evidente que aquel viejo tuvo que ser mantenido activamente por el grupo al que pertenecía, quienes tendrían que haber preparado previamente los alimentos que iba a ingerir. En el contexto de las duras condiciones de vida de los homínidos de principios del Pleistoceno ¿qué sentido biológico tenía mantener a un individuo que no podía valerse por si mismo y que ya había cumplido con sus funciones reproductoras? En cualquier caso, Dmanisi demuestra que este tipo de comportamiento cooperativo estaba ya establecido entre los homínidos de hace dos millones de años.
La clave en este y otros casos, tal vez se encuentre en determinados procesos ininteligibles desde los límites de la selección estrictamente individual. En efecto, existe un cierto número de caracteres que no son específicos del individuo, sino de la especie a nivel general, y que, sin embargo, aparecen como manifiestamente favorecidos por la evolución. Aunque sobrepasan los límites de la individualidad, estos caracteres favorecen a su vez la supervivencia de los individuos a nivel supraindividual, desde una perspectiva de especie. Es lo que se ha llamado “selección de especies” o “selección a nivel de especie” (una variante heterodoxa del darwinismo) y que suelen afectar a aquello que se conoce como “trayectoria vital” del individuo, es decir, aquellos caracteres que afectan fundamentalmente a la edad de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte dentro de las poblaciones (los llamados factores demográficos y que no son característicos de los individuos sino de las especies). Y es que aquellas especies que tiendan a presentar trayectoria vitales con individuos suficientemente longevos, estarán mejor preparadas para hacer frente a crisis climáticas de corto periodo. El senado, por tanto, constituye una suerte de memoria del sistema que en determinadas momentos permite la supervivencia del grupo en condiciones adversas. Este tipo de estrategia se ha desarrollado preferentemente en organismos migradores, como las aves, los elefantes, algunas tortugas, algunos dinosaurios y nosotros mismos cuando, en nuestra temprana etapa carroñera de Homo habilis, nos dispersamos desde Africa por todo el viejo mundo.


 

Escríbenos un comentario sobre este contenido:


Según lo previsto en la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, en la Ley Orgánica 15/1999 del 13 de Diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal y en el Reglamento (UE) 2016/679 General de Protección de Datos, le informamos que sus datos personales figurarán en nuestros archivos automatizados. Sus datos no son ni serán en ningún caso suministrados a terceros. Puede en cualquier momento ejercitar su derecho de acceder, rectificar, de oposición al uso y, en su caso, cancelar sus datos personales comunicando al correo electrónico privacidad@march.es la operación a realizar. Más información sobre nuestra política de privacidad.



Aviso legal