Gregorio del Olmo
Gregorio del Olmo
Gregorio del Olmo
ver vídeo

El personaje “Moisés” se presenta en la Biblia Hebrea, convertido desde luego en una figura épica, como heredero de una tradición religiosamente inorgánica, recibida de sus mayores y como partícipe de una situación socio-política de su pueblo completamente deteriorada. Él se encargará de recomponerlo todo, asumiendo la función de líder total: militar, político-social, religioso-profético, con dos facetas fundamentales por desarrollar: la liberación de su pueblo de la supuesta esclavitud en Egipto y la de la estructuración social de la nación hebrea por medio de un código de leyes que la configura y distingue. La crónica de su biografía y actuación está recogida en los cuatro últimos libros del Pentateuco: Éxodo-Deuteronomio. Curiosamente Moisés queda encerrado en esa crónica de su vida, llena de esplendor épico, sin rival posible en toda la Biblia, y de ella no sale.  Llama la atención que en la Biblia apenas se cite a Moisés, dígase lo mismo del Sinaí, el lugar de su encuentro con Dios: los Salmos y demás libros Sapienciales lo ignoran, incluso los Grandes y Menores Profetas, a él el profeta por excelencia según Dt. 18:15, 18; 34:10; los mismos escritos históricos, de tarda redacción por lo demás, solo esporádicamente hacen mención a él media docena de veces y casi siempre al socaire de su papel en la segunda faceta de que hablábamos: como legislador.

Es la “Ley de Moisés” la que salva su nombre en la Biblia y para la historia de su pueblo, más allá de la crónica bíblica. Esta queda relegada al “pasado” con su gloria y miseria y hace de la Biblia, la Biblia de David, personaje que impregna toda la vida y la conciencia histórica de Israel como su paradigma ideal. El “presente” eterno, en cambio, es de Moisés que recibió la “palabra” de Yahweh, la cual se transmitió de boca en boca hasta su total puesta por escrito, como mantiene la tradición judía. A partir de aquí Moisés es el gran modelador del judaísmo, acaso su íncubo. Este pueblo se supone que vive de la Ley de Moisés, en la que medita día y noche. A la vez, su figura como creador de la “Ley” judía le convierte en una instancia de primer orden en la historia de la Humanidad. Comentado esta función universal de Moisés en su novela Las tablas de la ley (Das Gesetz) Thomas Mann le hace decir, dirigiéndose a su pueblo: “¡Tómalas! ¡Oh sangre de mi padre y consérvalas en el tabernáculo de Dios! Pero lo que allí está escrito, considéralo como cosa sagrada en cuanto hagas o dejes de hacer. Porque allí está condensada la alianza eterna y divina con el Señor, la piedra fundamental de toda decencia y buena conducta, y Dios mismo la ha escrito con mi pequeño buril. En vuestra lengua la ha escrito, pero con signos que de ser preciso pueden escribir todas las lenguas del mundo porque Él es Dios del Universo entero. Esta es su palabra, y su palabra, aunque esté dirigida a tí, ¡oh, Israel!, es palabra universal… Todo el aquél que infrinja las divinas leyes, desde ahora en adelante, sentirá que se le hiela el corazón, porque la ley está escrita en su sangre y en su carne, y sabrá que Su Palabra tiene valor”.

Es difícil distinguir entre la persona y el personaje en la “Epopeya de Moisés” que nos ofrece la Biblia y que la tradición judía remata haciéndolo tan excelso e intocable que solo un “beso de Dios” le pudo arrebatar el alma. Pero en medio de ese avatar “histórico” se halla condensado, como hecho irrefutable, un “código de conducta” del que se le considera autor por inspiración divina y que supone un hito histórico en el proceso de racionalización del proceder humano, cuya vigencia ha impregnado nuestra propia cultura.              

Escríbenos un comentario sobre este contenido:
Envíe su comentario


Según lo previsto en la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, en la Ley Orgánica 15/1999 del 13 de Diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal y en el Reglamento (UE) 2016/679 General de Protección de Datos, le informamos que sus datos personales figurarán en nuestros archivos automatizados. Sus datos no son ni serán en ningún caso suministrados a terceros. Puede en cualquier momento ejercitar su derecho de acceder, rectificar, de oposición al uso y, en su caso, cancelar sus datos personales comunicando al correo electrónico privacidad@march.es la operación a realizar. Más información sobre nuestra política de privacidad.



Aviso legal