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Entartete Kunst es el título de las exposicioens que a partir de 1937 exhibieron en la Alemania de Hitler el arte que aquel régimen consideró degenerado. Se formaron largas colas para ver la "estrecha relación", la identidad, que existía entre las obras de los enfermos mentales, las personalidades degeneradas, y las de O. Dix, G. Grosz, P. Klee, M. Beckmann, E. L. Kirchner, E. Heckel, etc., es decir, aquellos artistas que ocupan un lugar central en la historia del arte contemporáneo. Se planteaba brutalmente, y brutalmente se resolvía, la condición del arte de nuestro tiempo, su desesperanza y su sentido crítico, pero también su sentido lúdico, la novedad rigurosa de su lenguaje y la condición próxima -social, política, moral- de sus temas. Las exposiciones sólo eran un síntoma, cruel, violento, de concepciones más extendidas, y la "respuesta popular", al margen de la manipulación que todo el montaje implicaba, exige un análisis desapasionado que permita comprender la magnitud de los hechos.
La conferencia se propone analizar el origen del arte que el nacionalsocialismo consideró degenerado a partir de los problemas histórico-culturales suscitados por la República de Weimar, la diversidad de sus planteamientos y la consistencia de su sentido crítico y político, con especial atención a aquellos temas que, como el de la alienación y el nacionalismo, fueron objeto de una atención especial. A través del arte degenerado percibimos tanto el compromiso y la voluntad de resistencia de los artistas cuanto la necesidad de desarrollar un sentido lúdico y creador, descubrir nuevas posibilidades en el lenguaje plástico y elaborar una alternativa que desborda los límites estrictamente artísticos.
El arte degenerado fue calificado de grotesco, cuando no de cretino e idiota. En esa calificación, formulada con el ánimo de condenarlo y perseguirlo, cabe encontrar, sin embargo, un punto de vista que, invertido, permite que nos acerquemos a la realidad de la sociedad europea del período de entreguerras con un sentido cómico profundamente satírico e irónico. Dix, Schwitters, Grosz, Beckmann, el mismo Paul Klee son manifestación inmejorable de esta propuesta. Su obra, radicalmente creadora, profundamente personal y por completo iconoclasta, difícilmente podía ser tolerada por una ideología que, como la del nacionalsocialismo, eliminaba los conflictos políticos, sociales y culturales recurriendo al pensamiento único y la brutalidad: eliminándolos, en el sentido literal de la palabra.
El arte degenerado puede contemplarse, en esta perspectiva, como el "espejo deforme" en el que se refleja la verdad de las cosas con mayor nitidez que en aquel otro espejo perfecto que finalmente llegó a ser el arte hitleriano, tan engañoso como académico y pusilánime, tan banal como aparentemente clasicista, tan pretenciosamente idealista como realmente conservador y burgués. Era, ciertamente, "degenerado", felizmente degenerado y deforme en un mundo que identificó la pureza con el exterminio del otro, la tierra con la sangre, la vida cotidiana con el destino sublime. Era, es, también, un referente para el conjunto del arte del siglo XX.

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