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El 24 de mayo de 1938 se inauguró en D,fcsseldorf una exposición titulada, sencilla y elocuentemente, Entartete Musik (Música degenerada), secuela indudable de la celebrada el año anterior en Múnich bajo la rúbrica Entartete Kunst degenerado). Aunque la exposición fue concebida y realizada prácticamente por una sola persona, Hans Severus Ziegler, se trata del producto individual más revelador de la actitud de los dirigentes nazis hacia la música, que Joseph Goebbels, su Ministro de Propaganda, consideraba "la más alemana de las artes". La exposición, sin embargo, a pesar de coincidir en el tiempo con los fastos de los Reichsmusiktage, que fue la más importante manifestación musical organizada por la cúpula nazi, tuvo una repercusión limitada y, tras reponerse en Weimar, no volvió a exhibirse en ninguna otra ciudad alemana. Nada de lo escuchado o expuesto en D,fcsseldorf permite establecer conclusiones claras sobre las líneas maestras de la política cultural nazi en relación con la música. Goebbels llegó incluso a formular y publicar el 1 de junio de 1938, en uno de los comunicados oficiales de la Reichsmusikkammer (el organismo que había de aglutinar a todos los profesionales de la música y cuyo primer presidente fue Richard Strauss), lo que él mismo denominó los "diez principios de la creación musical alemana". La lectura del texto revela, sin embargo, vaguedades como que la naturaleza de la música estriba en la melodía o que debe respetarse a los músicos del pasado, siempre y cuando, debe apostillarse, éstos no fueran judíos, ya que uno de los pocos principios que se aplicaron con cierta congruencia (aunque tampoco de modo exhaustivo) fue el que prohibía programar y ejecutar música de los compositores judíos. Muchos de ellos aparecían representados en la exposición Entartete Musik, donde compartían protagonismo con otras manifestaciones musicales perseguidas -siquiera teóricamente- por el régimen nazi, como el jazz y la música atonal, ejemplificada fundamentalmente por la llamada Segunda Escuela de Viena y su impulsor Arnold Sch,f6nberg, doblemente crucificado por haber engendrado el monstruo dodecafónico y por su condición de judío.


La conferencia mostrará cómo, por un lado, los nazis no llegaron nunca a establecer con perfiles claros cuál era su proyecto de política musical y, por otro, cómo determinadas prohibiciones teóricas eran sistemáticamente ignoradas en la práctica. En el caso del jazz, por ejemplo, desde las instancias oficiales se mostraba un rechazo absoluto hacia una música que, con su libertad e imprevisibilidad innatas, contradecía la esencia y el legado de la gran creación musical alemana. Sin embargo, su incontestable popularidad entre la población hizo que, más o menos camuflada, siguiera escuchándose, difundiéndose e interpretándose en la Alemania nazi, en muchos casos con la aquiescencia de sus líderes. La persecución de los músicos judíos también se topó con dificultades prácticas casi insalvables. Fue el caso, por ejemplo, del amplio contingente de instrumentistas judíos de la Orquesta Filarmónica de Berlín, que pasó de ser una institución privada a ser acogida oficialmente por el Reich. En este, como en muchos otros casos, los dirigentes nazis se vieron obligados a aplicar una política de doble rasero, que añadió aún más confusión a las ya de por sí ambiguas directrices que guiaron la administración musical nazi, donde tampoco faltaron, por supuesto, las disputas internas y los criterios enfrentados entre sus mandatarios (muy significativamente entre Alfred Rosenberg y Joseph Goebbels). "La más alemana de las artes" no conoció, por tanto, una regulación acorde con la importancia histórica que le concedía Goebbels, debido también en gran medida a que la música es, por naturaleza, un artefacto cultural escurridizo e inaprensible, en el que no siempre resulta fácil inocular ni extraer ideología. Partiendo de la exposición Entartete Musik, una ignominia más del régimen que la amparó, y que tan reveladora resulta en muchos aspectos, la conferencia abordará las contradicciones de la política cultural nazi en relación con la música, mucho menos estudiada y conocida que la aplicada en otros ámbitos, como las artes plásticas, el cine o la literatura.

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