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La democracia en las sociedades avanzadas se enfrenta a problemas estructurales que hallan su mejor solución en la incorporación deliberativa, racional y cívica de sus ciudadanos en la politeya. Ello es posible solamente mediante la implantación del universalismo moral entre la ciudadanía. Frente a los estragos del comunitarismo carismático, por una parte, y del individualismo posesivo, por otra, la filosofía política del republicanismo cívico ofrece salidas interesantes. No obstante, los intereses corporativos, el nacionalismo neotribal, la cultura mediática y la manipulación de la ciudadanía, entre otras cosas, conspiran para dificultar el progreso del ideal republicano y de la virtud cívica. La misma retórica de algunos gobiernos democráticos presuntamente amigos de la posición republicana es un escollo más en el camino. Un análisis a la vez ético y sociológico podría intentar resolver estas dificultades, sobre todo si asume la naturaleza conflictiva de la vida social y concibe los derechos humanos y civiles como fruto del conflicto democrático, como logros cívicos de la dignidad humana, y no como abstracciones.

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