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La conferenciante resume sus intervenciones

Anna Caballé

George Sand (nacida Aurore Dupin) se convirtió en una de las escritoras más ampliamente conocidas, discutidas e influyentes de la generación romántica europea, por la valentía moral de su obra pero, sobre todo, por la vida que eligió vivir, prescindiendo de las normas puritanas que gobernaban la existencia de una mujer en su tiempo. Fue el centro de innumerables juicios que sirvieron para encumbrarla y vituperarla a partes iguales. Y eso debido a la libertad de su comportamiento amoroso, su frecuente indumentaria masculina, su sentido del negocio, la intensidad de las pasiones familiares que la rodearon y un talento excepcional para el pensamiento y la literatura. George Sand a nadie dejó indiferente. Lamartine quiso trivializar el alcance de su obra, así como la orientación feminista de la escritora francesa afirmando, en su Cours familier de littérature, que era una mujer que había perdido su sexo en la contienda con el genio. No fue el único, en su tiempo, en plantear su masculinización como única posible explicación a su dedicación intelectual. Flaubert, amigo suyo, señaló cuánta feminidad había en aquel “gran hombre”, Chateaubriand la definiría como “le lord Byron de la France” y Baudelaire, feroz adversario de la escritora, afirmaría, furioso, que “el hecho de que algunos hombres hayan sido capaces de enamorarse locamente de esa letrina es la prueba de la degradación del hombre de este siglo”. Baudelaire no aceptaba que la creación literaria pudiera ser un bien de consumo y, menos todavía, de éxito popular. Solo cabía, para él, la actitud de trascender un mundo envilecido. Sand, por el contrario, creía que esa separación entre los ideales y la vida en nada podía beneficiar a esta última, el bien supremo.

Su influencia fue enorme entre las primeras escritoras españolas que abordaron la vocación literaria con una entrega profesional. Sus novelas fueron traducidas y adaptadas (Consuelo, Lélia, Indiana, La charca del diablo o François el expósito, por citar algunas de las más conocidas). Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber) o Víctor Català (Caterina Albert) recurrirían al pseudónimo masculino, tomándola, en este sentido, como ejemplo y referente. Sin embargo, la libertad de acción que mostraba George Sand en su vida y su obra era impensable en la vida española de la época, de modo que serían frecuentes las observaciones destinadas a distanciarse de la radical filosofía existencial que mantuvo la escritora francesa. En este sentido no tuvo seguidoras en España. La densidad de su escritura autobiográfica constituida fundamentalmente por los miles de cartas, editadas en 25 volúmenes por Georges Lubin, y su autobiografía (Histoire de ma vie, 1854-55) hacen que tanto su biografía como sus ideas sean bien conocidas. La biografía de la escritora publicada por André Maurois en 1952 atrajo de nuevo la atención internacional sobre Sand y, desde entonces, las revisiones de su legado no han dejado de sucederse. En el ámbito hispánico siempre tuvo particular importancia su libro Un invierno en Mallorca, escrito al hilo de su fugaz experiencia junto a Chopin en la isla balear y que nada gustó a los habitantes de la isla. Un motivo más para la especulación sobre el personaje. En todo caso, la vida y la obra de Sand resultan inseparables porque son dos caras de una misma búsqueda, la de una mujer pionera que luchó tenazmente por ubicarse en el mundo.

Vídeos
Ver vídeo: Enero-Mayo 2014
Ver vídeo: George Sand: la vida que eligió vivir
Ver vídeo: Enero-Mayo 2015
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