menu horizontal
Botón que abre el buscador
Botón que enlaza al Calendario
Imagen del acto

Los participantes resumen su intervención

  • Claves de la poesía hispanoamericana del siglo XX: entre los signos y las cosas
    Juan Malpartida

    Hay cosas que ya se han dicho pero que vale la pena repetirlas hoy, quizás porque se han olvidado o quizás porque no nos queda más remedio que volver una y otra vez sobre lo pensado: Los poemas, novelas, cuentos, y demás obras del resto de los géneros literarios, son obras individuales, incluso cuando, en ocasiones, han sido hechas en colaboración. A su vez, estas obras son hijas de la imaginación y van dirigidas al imaginario, o dicho de otra forma: a sujetos hablantes, mediados pues por una lengua que los vuelve imágenes: seres en los que la dimensión simbólica es fundamental, aunque no sea la única realidad si su dimensión definitiva. Los sucesos del 2 de mayo en el Madrid de 1808, o la entrada de Hernán Cortés y sus hombres en la ciudad de Tenochtitlan son sucesos históricos que ocurrieron una vez, y aunque las interpretaciones cambian sensiblemente, no pueden dejar de ser pasado como suceso: son hechos anclados en el tiempo, aunque por ser nuestro pasado pueden tener alguna vida en nuestro presente. Pero el poema de Dante o la narración D. H. Lawrence siguen sucediendo hoy. Siempre habrá un lector que, sin apenas proponérselo, se encuentre de pronto bajando al Infierno de manos de Virgilio y de Dante, siempre, alguien que sienta esa corriente verbal convulsiva, nostalgia de un mundo físico pasional primero, del gran escritor inglés. Si digo todo esto para hablar de la poesía hispanoamericana del siglo XX es porque participo del pensamiento que postula las literaturas como universales, sólo limitadas por nuestra capacidad de acceso a ellas, y contaminadas unas de otras. Y, al mismo tiempo creo que no son corrientes sociológicas, económicas, susceptibles de ser entendidas desde, digamos, una historia de las mentalidades. No digo que la historia, la sociología y demás disciplinas sociales no nos ayuden a comprender a un autor y a una obra sino que no pueden entregarnos su significado. Entre otras razones porque ni el Cántico de Juan de la Cruz ni El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad tienen significado. Sin duda significan muchas cosas, y no dejan de hacernos hablar y hablar, pero los conceptos con que los críticos abstraen dichas obras, no son las obras. No pueden ser formuladas: son enigmáticas alianzas de forma y significado que piden una y otra vez ser vividas. Y no vivimos lo que denominamos "poesía francesa" o "hispanoamericana", el "modernismo" o "las vanguardias": vivimos, cuando somos capaces de encarnar momentáneamente -a veces sin pretenderlo-, gracias a la lectura, una serie de versos, un fragmento narrativo. En profundidad, ni la poesía hispanoamericana, ni la española, ni la francesa o inglesa existen. Pero en cambio desde que ha habido poesía, todos o casi todos han sabido de su existencia, ignorando en numerosas ocasiones que lo que oyen o leen no ha sido escrito en su lengua, o que es trasunto de muchos autores y lenguas. Cuando leemos ciertas novelas modernas, no siempre sabemos que Homero de alguna manera sigue narrando sus viejas -que son nuevas- historias. La literatura está llena de súcubos que el propio autor, y el lector, ignora. Pero para hablar necesitamos acotar, reducir, adaptar, hacernos una idea, como se dice coloquialmente, y para ello debemos aceptar que hay una poesía hispanoamericana, porque en realidad encontramos que allí, en esos países de lengua española, se ha escrito con algunas particularidades que pueden ayudarnos a entenderlos y entendernos mejor. Sin embargo, al final, cuando se hayan repasado todos los aspectos -desde los lexicográficos a los políticos, desde los retóricos a los intrahistóricos y ambientales-, se habrán de olvidar, porque lo que toda verdadera obra quiere no es ser convertida en un tratado, en un puñado de claras e inteligentes fichas, en una clase de literatura, sino convertir al lector en un momento de la obra. A eso solemos llamar, con una exactitud admirable, "quedar atrapado". Algunos quedan atrapados demasiado tiempo en los libros, como Quijano, otros distinguen con excesiva claridad entre el texto y la vida. De una y otra forma, la literatura es algo que sólo existe porque es vivida, y el día en que deje de ser así se habrá convertido, además de en mala literatura, en un objeto.

    Plantearé en la primera conferencia una serie de claves de la poesía hispanoamericana del siglo XX, y en la segunda analizaré el significado de varios grandes poemas: Altazor (Huidobro), Muerte sin fin (Gorostiza), un interludio español, Espacio (Juan Ramón Jiménez) y Piedra de sol (Octavio Paz. Esos grandes poemas son, según creo, respuestas que suponen una concepción total lúcida a los desafíos que habían situado la poesía, en el alba del siglo XX, ante sus propios fundamentos y sentido. Esto no es un panorama ni una historia de la poesía hispanoamericana, sólo una visión parcial -y no dudo que interesada- desde la primera década del siglo XXI, centrada en algunas nociones: las poéticas, la relación con la ciudad y la naturaleza, el cuerpo o las abstracciones.

  • La novela hispanoamericana: identidad, origen y narrativa
    Blas Matamoro

    En estas conferencias abordo de manera panorámica el desarrollo de la narrativa escrita a través del género novelístico. Para ello parto de la formación literaria de América a contar de la conquista, en plena era del barroco. Las crónicas de Indias abren un espacio donde se mezclan la novedad de un mundo desconocido a describir y explicar en la óptica del europeo, con el carácter utópico de ese espacio, donde es posible refundar la historia y proyectar la regeneración de la humanidad.

    La formación de la novela moderna en el siglo XIX se intercepta con géneros cercanos, como la historia, la crónica, la autobiografía, las memorias y las influencias propiamente novelísticas de los modelos europeos, el francés en primer lugar, en cuanto a los dispositivos de la novela propiamente dicha. El deslinde entre cuento y novela y su distinta fortuna hacen al manejo de paradigmas orales o escritos.

    La temática novelística hispanoamericana se diversifica a partir de estos presupuestos, recayendo en distintas instituciones de la historia misma: la revolución, la legitimación del que manda, la dictadura. En el orden del lenguaje: el intemnto de nacionalizar la lengua, la formación de una lengua continental en el proyecto modernista, el mestizaje y el mulataje, la novela de indios y negros narrada en castellano. Dentro de esta temática cobran especial importancia algunos tensos dualismos como naturaleza e historia, tiempo y mito, civilización y barbarie, nacionalismo y cosmopolitismo, que alimentan asimismo el desarrollo de la novela. Son variantes temáticas que apuntan a una recurrencia imaginaria: el asunto del origen y sus derivados, las identidades regionales, nacionales y continentales.
       
    En los espacios temáticos concretos se rozan algunos procesos históricos concretos como la dictadura, la revolución y las relaciones entre la civilización urbana introducida por el conquistador y las civilizaciones indígenas. América, incorporada tardíamente al proceso histórico del Occidente moderno, propone una lectura propia y múltiple de ese tesoro cultural, dando lugar a la formación de un espacio imaginario propio.

Fundación Juan March
Contactar
Castelló, 77 – 28006 MADRID
+34 91 435 42 40
http://www.march.es