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Ciclos de conferencias

QUERELLAS LITERARIAS

17, 19, 24, 26 febrero, 3, 5, 10 y 12 marzo 2009
Imagen del acto

Los participantes resumen su intervención

  • Las polémicas sobre Cicerón en el Renacimiento europeo
    Ángel García Galiano

    Abordaré en mi conferencia la irrupción del concepto de imitación simple y compuesta, ya desde Petrarca, en su afán por recuperar la "humanitas" clásica, dentro del ideal del poeta como rhetor et philologus, que tanto predicaba. Al convertirse él mismo en objeto de emulación, surgen en el siglo XV, en el contexto del cada vez más explícito enfrentamiento entre la poética (analítica) aristotélica y la (sintética) platónica, una serie de polémicas De imitatione, en las que intervienen figuras tan prestigiosas y destacadas como Angelo Poliziano, Pietro Benbo, Pico della Mirandola, Paolo Cortese o Erasmo de Roterdam, cuyo Ciceronianus (1528) se convierte en modelo de intención de un nuevo concepto de humanismo, más allá de la mera especulación retórica.

    En el siglo XVI la polémica llega a España, a los escritores y a las universidades; en el contexto de las querellas entre los antiguos y los modernos, el uso casticista o italianizante de la lengua poética y el de la figura de Garcilaso como el objeto único de imitación, sobre todo a partir de los comentarios de Brocense y Herrera, respectivamente, a su poesía.

  • Culteranismo/Conceptismo: una querella literaria del Siglo de Oro
    Antonio Carreira

    Para conocer épocas lejanas como el siglo de oro, hay solo dos caminos: el primero, dificultoso y reservado a especialistas, consiste en ir a los textos y a los paratextos, impresos y manuscritos, y sacar conclusiones, siempre expuestas a error por cualquier deficiencia informativa. El segundo, que es el más común, consiste en dejarse llevar por lo que dicen los manuales, readers digests que nos dan la tarea hecha. Ahora bien, así como los diccionarios de la lengua remontan siempre al origen, que es el Diccionario de Autoridades, también los manuales copian unos de otros y remontan a Menéndez Pelayo, el cual, en este caso, se dejó llevar de una fácil antinomia propuesta en el siglo XVIII por el marqués de Valdeflores: culteranos por un lado, conceptistas por otro. No faltó después quien a ambos bandos les pusiera caudillo, y de esa forma ya se pudo jugar a las guerras, como llevamos haciendo más de un siglo. Hora es ya de decir que las cosas no sucedieron según nos las han contado. Si un escritor de aquel tiempo levantara la cabeza y escuchara decir que los conceptistas peleaban contra quienes no lo eran no comprendería nada o se echaría a reír. En la literatura española de las primeras décadas del siglo XVII hubo tendencias, una de ellas derivada de la influencia gongorina, que llegó a todas partes y géneros literarios. Pero todos eran conscientes de que tal tendencia destacaba, ante todo, por su carácter conceptista. Es necesario recordar que la palabra concepto tenía entonces un sentido distinto al que después adquirió en la Filosofía: un significado retórico, y de ningún modo restringido a España ni a la literatura. Fuera de esa estela gongorina hubo quienes prefirieron un estilo más llano e inteligible, en el que la presencia de lo clásico fuese menos llamativa, es decir, menos dirigida a las minorías. No olvidemos que entonces había dos grupos de gentes de letras: los cultos, por un lado, con una base fuerte en latín, y los romancistas, entre los cuales no faltaron, paradójicamente, los analfabetos. Y del mismo modo, entre el público hubo también quienes se mantenían fieles a la lengua sencilla, apegada a las tradiciones vernáculas, y quienes preferían la más compleja venida de Italia y cultivada por los humanistas. Entre estos últimos, Góngora y sus seguidores introdujeron novedades que si deslumbraron unas veces, otras no fueron bien recibidas o se consideró que iban contra el decoro, es decir, contra lo estipulado en los tratados más rancios, derivados de Aristóteles, Cicerón, Hermógenes y sus comentaristas italianos. Tal fue el origen de la polémica más sonada del siglo XVII, en la cual Quevedo, curiosamente, participó en muy escasa medida, comparado con Jáuregui o Lope de Vega.

  • La estética del siglo XVIII: razones, límites y fisuras de la norma
    Guillermo Carnero

    Discusión del tópico que considera que el siglo XVIII fue una época poco favorable al vuelo de la creatividad, a causa de su excesiva confianza en la universalidad e infalibilidad de la razón normativa, y de su imposición de reglas y preceptos.     La concepción dieciochesca de la preceptiva estética en necesario maridaje con la inspiración y el genio innato. La sensibilidad adiestrada por la cultura de los conocedores, razón de ser del "gusto" que concede la sociabilidad culta. La extremosidad normativa del Neoclasicismo como consecuencia del prurito educador y reformista que consideraba la literatura como escuela de costumbres, cuyo mensaje podía alcanzar a los carentes de receptividad intelectual y moral al rigor doctrinal, de acuerdo con la fórmula del deleite provechoso. El teatro, primordial objeto de la normatividad didáctica; el concepto de Ilusión teatral como su concepto clave. La transgresión del rigor dogmático en su subordinación al placer sensorial y el libre vuelo de la imaginación en la ópera: el caso de Tomás de Iriarte. La superación de la distinción entre tragedia y comedia y el nacimiento de la modernidad dramática: el ejemplo de Diderot.     El conflicto entre ecumenismo normativo y carácter de las literaturas nacionales. La oposición neoclásica al teatro profano y religioso del Siglo de Oro.  La polémica sobre Shakespeare y la traducción de Le Tourneur. La polémica sobre los Antiguos y los Modernos. Sus precedentes en el Renacimiento y su eclosión en tiempos de Luis XIV. Veneración e imitación de la clasicidad frente a relativismo histórico y perfectibilidad espiritual y estética. Las actitudes de Nicolás Boileau y Charles Perrault. Conclusión y recapitulación: diversidad y matiz del pensamiento estético del Siglo de las Luces.  

  • Las poéticas del naturalismo en España (1881-1889)
    Adolfo Sotelo Vázquez

    En el prólogo que Clarín antepuso a la La cuestión palpitante (Madrid, 1883) de Emilia Pardo Bazán , el gran crítico y narrador asturiano circunscribía por vía negativa la poética del Naturalismo que había fraguado Émile Zola desde 1864 y consolidado desde 1877. Leopoldo Alas lo hacía con aprobaciones y discrepancias en el contexto de una querella literaria - ideológica y estética- a menudo muy mal explicada y que se prolongó en España desde la publicación de Solos (1881) - el primer libro de crítica de Clarín- hasta los excelentes artículos de Rafael Altamira sobre "La conquista moderna" (1889) y la inflexión clariniana que se transparenta en Mezclilla (1889). Querella en la que participaron Menéndez Pelayo, Juan Valera, Palacio Valdés, Juan Sardá o José Yxart, entre otros escritores.

    De esta querella trata la conferencia "Las poéticas del Naturalismo en España (1881-1889), que tiene presente como a través del debate sobre las ideas, la poética y las novelas de Zola se desarrolla en España un primer capítulo alrededor de la naturaleza, el carácter y los aspectos fundamentales de la novela moderna, hija de la tradición cervantina y del diálogo - de Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas y Emilia Pardo, principalmente- con el gran realismo francés del siglo XIX: Balzac, Stendhal, Flaubert y Zola. Zola y el Naturalismo provocaron en la España de los años ochenta del siglo XIX una polémica que dotó a la narrativa española, desde La desheredada (1881)  en adelante, de un afán de conocimiento, seguramente el manantial más caudaloso y rico de la modernidad decimonónica.

  • Activismo, antagonismo, nihilismo y agonismo: polémicas de vanguardia
    Andrés Soria

    Activismo, antagonismo, nihilismo y agonismo son los cuatro momentos que caracterizan la dialéctica de los movimientos de vanguardia según la propuesta ya clásica de Renato Poggioli. Desde que apareciera el Manifiesto futurista de Marinetti en Le Figaro, un 20 de febrero de hace 100 años, hasta las fricciones del surrealismo con la izquierda, las vanguardias se presentaron bajo el signo de la querella, en consonancia con su actitud militar, y con un alcance mucho mayor que el de la mera literatura, pues tuvo la voluntad de extenderse al conjunto del arte como institución. El asunto de la charla consiste en recordar algunos de estos episodios, antes y después de la I Guerra Mundial, en Europa y en sus ecos peninsulares (ultraísmo y dadá, el estímulo surrealista, por ejemplo) más pálidos que en origen, pero indudables y relativamente importantes.

  • Controversia Sartre/Camus
    José Antonio Millán

    La querella protagonizada por Jean Paul Sartre y Albert Camus a raíz de la publicación de L'Homme révolté no fue principalmente una querella de orden literario, ni siquiera aunque se diera a este término su sentido más amplio; aunque sin duda contiene elementos referidos a él (respuesta implícita de Camus a determinadas observaciones sobre la naturaleza y función de la literatura en la obra de Sartre Qué es la literatura), su planteamiento desborda con mucho este concreto ámbito. Lo fue, ciertamente en el sentido de que aconteció por escrito, y de que afectó a multitud de publicaciones, revistas, periódicos, opúsculos, así como a programas de radio y televisión, todos los cuales se hicieron eco o participaron en ella tomando activamente partido en favor de una u otra postura; a ello hay que añadir el ingente número de páginas que al efecto han seguido escribiéndose después hasta el día de hoy, muestra de que los términos en los que se desarrolló siguen de una u otra forma interpelando de manera muy viva a la sensibilidad actual.

    Ni el tradicional apasionamiento del pueblo francés por este género de querellas (su repercusión traspasó ampliamente sus fronteras), ni la envergadura, ya entonces, de los nombres de los protagonistas bastan para explicar la importancia y la irradiación que tuvo, hasta el punto de dividir en dos bandos a la izquierda intelectual mundial, y a una buena parte de la derecha culta, que se sintió igualmente interpelada. A poco se revivan los planteamientos de una discusión que dominó la segunda mitad del XX, volvemos a encontrarnos en una controversia que pone en entredicho una buena parte de nuestra propia vida pública.

    Por su propio planteamiento, esta querella tuvo tres dimensiones a las que es necesario referirse para entenderla en toda su amplitud: una personal, otra ideológico-cultural, y otra política. Las tres están imbricadas entre sí, y su examen constituye la parte fundamental de la conferencia prevista al respecto. Si dejamos de lado la obra del propio Sartre –quien siguió refiriéndose con frecuencia a ella al cabo de los años, y para quien Camus "fue el último amigo que tuvo"–, la de Camus –para el que supuso un golpe que le hirió en lo más vivo y del que nunca se repuso–, así como la de Simonne de Beauvoir –en el personaje de su novela Los Mandarines cabe reconocer claros rasgos de Camus–, así como a Merleau-Ponty, A. Breton, R. Aron, R. Char. A. Memmy, Cohen-Solal –por citar algunos de los nombre literarios franceses directamente implicados–, las personas interesadas por esta querella pueden encontrar bibliografía al respecto en los trabajos monográficos de E. Werner, L. Pollman, G. Brée, P. Royle, R. Aronson, R.C. Salomón, así como en las dos grandes biografías dedicadas a Camus aparecidas hasta le fecha, la de Lotman y la de Olivier Todd. Actualmente está en preparación, ya muy avanzada, el gran Diccionario Camus, que cuenta con más de 1.500 páginas.

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