Cine mudo

Cine de misterio

9 y 10 octubre, 13 y 14 noviembre, 4 y 5 diciembre 2015, 15 y 16 enero, 5 y 6 febrero, 4 y 5 marzo, 15 y 16 abril, 13 y 14 mayo 2016

El cine de intriga y misterio, con frecuencia contaminado por inquietantes elementos fantásticos, es un descendiente de la tradición de la novela gótica, un género literario aparecido en Inglaterra con El castillo de Otranto (1765), de Horace Walpole, y prolongado en el siglo XIX por autores de la talla de Bram Stoker (el autor de Drácula, 1897), Mary Shelley (autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818), Matthew Lewis, Ann Radcliffe o Nikolái Gogol. En ella abundan los crímenes inexplicables, los fantasmas, los resucitados, las apariciones y los monstruos, en ambientes lóbregos e inquietantes, que a veces los sociólogos han interpretado como contrapunto del racionalismo ilustrado de la Revolución industrial, pero también como expresión de las ansiedades psicológicas y sociales ante sus cambios traumáticos para una gran parte de la población.

El cine, arte del siglo XX, heredó el caudal imaginario propuesto por este género literario, y pudo añadir a sus fantasías la dimensión iconográfica turbadora aportada por su rico lenguaje de luces y de sombras gracias a la iluminación eléctrica, sus sugerentes claroscuros y los elaborados maquillajes de sus actores. El expresionismo, corriente plástica antinaturalista y atormentada aparecida en la pintura alemana en vísperas de la Primera Guerra Mundial, aportó sus inquietantes ambientes a los estudios cinematográficos y su estilo, rico en sombríos contrastes, fue pronto copiado por las grandes factorías de Hollywood. Con esta fórmula estética el género se aproximó al lenguaje de las pesadillas nocturnas, pues si el sueño es, como lo definió el alemán Jean-Paul Friedrich Richter, “un arte poético involuntario”, las pesadillas con acosos o persecuciones angustiosas serán más tarde catalogadas por el psicoanálisis como formas de “paranoia onírica”.

Algunos directores de talento produjeron tempranas obras maestras en este género, como el vienés Fritz Lang (autor del tenebroso serial El doctor Mabuse, de 1922, un reflejo indirecto de las angustias colectivas en la Alemania recién derrotada en la Primera Guerra Mundial), o el francés Louis Feuillade (autor de los extensos y popularísimos seriales Fantomas, de 1913 a 1914, y Los vampiros, de 1915, admirados por los surrealistas). Y, junto a ellos, emergieron actores que destacaron por sus caracterizaciones inquietantes y a veces extravagantes, como el norteamericano Lon Chaney, de cuyos padres sordomudos heredó su prodigiosa capacidad de expresión corporal, o el alemán Conrad Veidt, de perfil alucinado.

Román Gubern (coordinador del ciclo)

Vídeos
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