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Cine mudo

Cine e Historia

13 y 14 octubre, 3 y 4 noviembre, 7 y 8 diciembre 2017, 19 y 20 enero, 2 y 3 febrero, 2 y 3 marzo, 20 y 21 abril, 4, 5 y 25 y 26 mayo 2018
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Román Gubern (coordinador del ciclo)
 

Aunque todas las películas ofrecen un marco histórico, en la medida en que reflejan algún aspecto o la ideología de la fecha en que fueron producidas, existe un amplio género de producciones que versan explícitamente sobre el pasado, a veces remoto, y que han dado como fruto un género copioso, cuya acción transcurre en el antiguo Imperio romano, en la Edad Media, en las Cruzadas, en las campañas de Napoleón, en la época esclavista de los Estados Unidos, en la Primera Guerra Mundial, etc. Pero, aunque nos hablen de un pasado remoto, la mirada sobre los hechos relatados suele ser una mirada desde un punto de vista ideológico. Así, aunque la pantalla evoque un pasado esclavista, en la Grecia de Pericles o en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XIX, difícilmente lo hará para defender la institución de la esclavitud, hoy día universalmente repudiada por razones éticas. Por eso suele decirse que el cine histórico nos habla más acerca de la época y el país en que se hizo la película, más del presente que del pasado, a través de sus omisiones, de lo no dicho, a veces más elocuente que lo mostrado en la pantalla.

Esta influencia contextual ha sido más evidente cuando las producciones han surgido en regímenes totalitarios con finalidad propagandística, como ocurrió en la Unión Soviética. Así, el famoso acorazado ruso Príncipe Potemkin, cuya marinería se sublevó en 1905 contra el régimen despótico de los zares y cuya gesta narró S. M. Eisenstein en su admirado film El acorazado Potemkin, acabó apresado y devuelto a su país, detalle fundamental que la película omite. Y es bien sabido que el cine bélico realizado en las dos guerras mundiales escoraron su propaganda al bando nacional al que pertenecían sus productoras.

Con mucha frecuencia el cine histórico utiliza recursos narrativos, como una historia de amor o un drama familiar, para enmarcarlos en su telón histórico. Se persigue con ello introducir lo que los norteamericanos llaman human interest (interés humano) en confusos y dispersos conflictos colectivos y asegurar así el interés y simpatía del espectador hacia aquellos episodios más próximos por su calor humano y con los que se identifica.

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