Cine mudo

El arte de la seducción en el cine mudo

26 y 27 octubre, 23 y 24 noviembre, 7 y 8 diciembre 2018, 18 y 19 enero, 15 y 16 febrero, 15 y 16 marzo, 5 y 6 abril, 17 y 18 mayo 2019

Román Gubern (coordinador del ciclo)

 

En 1896, en los orígenes del espectáculo cinematográfico, causó escándalo en Nueva York un brevísimo film producido por Edison que mostraba, en primer plano, los rostros de un hombre y de una mujer que se daban un beso. Sin embargo, aquel beso escandalizador, descalificado por la prensa y los custodios de las buenas costumbres, no hacía más que reproducir el que ambos actores realizaban diariamente y sin escándalo en un escenario teatral de la misma ciudad, ante un público físicamente distante y que, por lo tanto, percibía su ósculo a una escala óptica mucho menor. Pero el tamaño magnificador del primer plano ofreció al público una impresión distinta e indecorosa, que la prensa de la época no dejó de comentar. Y revelaba, además, la sensibilidad del público ante las exhibiciones pasionales, reservadas para la privacidad.

Muy pronto los guionistas del nuevo espectáculo cinematográfico desarrollaron argumentos y situaciones que resultaban funcionales para exhibir conflictos y gratificaciones pasionales, como la fórmula “chico conoce a chica; chico pierde a chica y chico recupera a chica”. Las artes de la seducción y del coqueteo, así como el mundo de los sentimientos, se revelarían como un filón central e inagotable para la industria cinematográfica. Se acuñaron expresiones como sex-appeal y glamour para comentar las artes de la seducción y del amor. Y este magnetismo atractivo, beneficiado por la ampliación óptica del primer plano de los rostros y de su fotogenia, se convirtió en uno de los cimientos del star-system.

Pero esta gama de relaciones seductoras cubriría un amplísimo espectro, como ya había ocurrido en la historia del teatro (Shakespeare, Lope de Vega) y de la poesía –que habían precedido en varios siglos a la industria del cine– así como el posterior de la novela (Flaubert, Brontë). Y así las pantallas ofrecieron esta amplia gama de emociones: desde el amor auténtico al amor fugaz, pasando por el coqueteo trivial y el amor fingido, insincero e interesado. Toda esta gama de sentimientos, muy rica en matices y que el cine ha sabido expresar a través del primer plano de los rostros y las gamas de iluminación, está ilustrada en el ciclo cinematográfico que aquí presentamos.