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Poética y Teatro. Recopilación

Ignacio Amestoy

Resumen de la sesión

29 de septiembre y 4 de octubre de 2011

"Cuando la muerte no es tragedia"

Ignacio Amestoy, al reflexionar sobre la actual realidad del espectador-consumidor y preguntarse qué teatro concebir hoy, afirma que el teatro no ha de ser evasión de la realidad -es decir, ocio vulgar- sino diversión entendida como volcarse en el otro y con una actividad creadora en doble dirección, que parte del creador o emisor y llega al receptor, al "co-creador" del que habla Bertolt Brecht.

Ignacio Amestoy, Ainhoa Amestoy, Eloy Azorín y Javier Huerta CalvoIgnacio Amestoy, Ainhoa Amestoy, Eloy Azorín y Javier Huerta Calvo

En la "modernidad líquida" descrita por Zygmunt Bauman, en la que el ciudadano se ha convertido en consumidor, el cambio fundamental que se da en la relación espacio-tiempo también afecta al teatro. Pero, ¿dónde está el co-creador en una sociedad de "teatro líquido de entretenimiento"? Amestoy encuentra la respuesta en el "teatro vivo" de Peter Brook, que toma la savia de la realidad y la lleva al escenario ante un público comprometido con la vida. Si hoy en día es difícil encontrar un teatro que desafíe a la sociedad en lugar de celebrar sus valores aceptados, habría que volver a Antonin Artaud, a su teatro como "espacio sagrado", en el que espectadores "devotos" se dejan "sacudir" por actores y directores también "devotos". Antonio Buero Vallejo, que fue su maestro y le animó a seguir como autor después de ver su obra Yo fui actor cuando Franco, le decía a Amestoy que la función del teatro ha de ser la de punzar en el pecho y ser espejo inquietador, aunque deformante.

"El teatro no ha de ser evasión de la realidad –es decir, ocio vulgar– sino diversión entendida como volcarse en el otro y con una actividad creadora en doble dirección, que parte del creador o emisor y llega al receptor, al co-creador" Como explica en su conversación con Javier Huerta Calvo, desde sus comienzos, Amestoy se ha decantado por la tragedia, en la que busca la anagnórisis de los personajes. En obras como Ederra o La última cena ha vertido su interés en el tema vasco. En otras, ha tratado especialmente el tema de la mujer, como demuestra su tetralogía de la que forman parte Cierra bien la puerta, Rondó para dos mujeres y dos hombres, De Jerusalén a Jericó y Chocolate para desayunar. Una característica de sus obras es la riqueza de referencias culturales: su teatro es un medio para conectar al espectador con la realidad y el pensamiento que le circunda. Su incursión en el teatro-documento ha sido con la obra El chófer del teniente coronel von Richthofen, interpretada en la Fundación Juan March por Ainhoa Amestoy y Eloy Azorín.

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