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Poética y Teatro. Recopilación

Albert Boadella

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César Oliva

César Oliva con Albert BoadellaCésar Oliva con Albert Boadella

"Boadella no ha dudado en manifestar, en ningún momento, sus opiniones sobre política, cultura, al igual que sobre el hecho escénico, gracias a lo cual podría escribirse uno de los compendios más lúcidos sobre el teatro español desde los últimos años de la dictadura franquista hasta la actualidad". Con estas palabras, Milagros Sánchez Arnosi sitúa, en su introducción a Ubú president;La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla; Daaalí (Cátedra, 2006), la personalidad de Albert Boadella. Este libro es en sí el primer elemento sugerente y paradójico de la producción dramática del director catalán. Por un lado, son tres textos teatrales firmados por él, con lo que se afirma la condición de autor de literatura dramática de quien siempre ha escrito desde y para el escenario, proclamando la hegemonía del teatro representado sobre el leído. Pero es que, además, la publicación en cuestión figura en una colección llamada Letras Hispánicas (núm. 584), con autores en su nómina como José Martín Recuerda, José Sanchis Sinisterra o Jaime Gil de Biedma, por citar tres distantes entre sí en casi todas las direcciones.

Albert Boadella, por consiguiente, y siguiendo un proceso creativo harto interesante, es ya, por derecho, un autor dramático, además de director y fundador de Els Joglars. Un autor dramático que, si Dios e internet no lo remedian, será estudiado más como hombre de letras que como hombre de escena. Al menos, en las universidades. No me extraña en absoluto, pues desde hace tiempo iba advirtiendo que se estaba produciendo una curiosa metamorfosis en el grupo catalán: de un punto de partida mímico, de un teatro sin palabras (¡El joc!) estaba pasando a un teatro con palabras. Eso sí, palabras distintas, ponderadas, fuera de la pretensión estético-poética de todo dramaturgo que se precie, palabras certeras, manejadoras del elemento absurdo al que supera en intención y portadoras de saludables mecanismos de humor.

"Un autor dramático que, si Dios e internet no lo remedian, será estudiado más como hombre de letras que como hombre de escena" Pero es evidente que la personalidad de Boadella va más allá de sus textos. Estos quedan para el público de teatro, por no decir para el estudioso del teatro. Pero él se coloca en terrenos mucho más resbaladizos. Desde los orígenes de Els Joglars, el riesgo es su norma. Con Franco todo estaba más claro. El enemigo se definía por sí solo. Incluso en la Transición política, bañada por usos y costumbres de la dictadura, el ir en contra de lo establecido era habitual entre la gente de bien. Después… después ha sido todo más difícil. Después, ha venido la democracia, han venido las libertades, los pactos, las transacciones, las autonomías (las viejas y las nuevas), los problemas con la memoria histórica… Todo ha cambiado. El teatro comercial ha quedado relegado a entes residuales de difícil subsistencia, el teatro público ha copado todos los puestos en el Estado español, los grupos se han transformado en compañías, las compañías dependen de más cosas que del público… Todo ha cambiado. Todos hemos cambiado.

Muchos no entendemos tanto cambio. Pero, al menos, tenemos espejos en donde mirarnos. Albert Boadella resiste en el medio. De Barcelona pasó a la cúpula del Pruit, de allí a la finca El Llorà, de la masía a las ciudades y pueblos en los que la presencia de Els Joglars viene a ser como una fiesta, el día grande de la programación. Sin dejar la que es su casa, la casa de los que forman la cooperativa Els Joglars, Albert ha llegado hasta una ciudad a la que nunca pensó llegar: Madrid. Muchos no entienden tanto cambio, decíamos. Creo, sinceramente, que en su actitud siempre hay teatro, mucho teatro, junto a un deseo de evolución, de búsqueda, de riesgo. Porque, a pesar de los pesares, su punto de vista no ha cambiado. Su punto de vista es el de la crítica, el de la disconformidad, el de la inquietud. Es posible que el contexto haya cambiado. Pero Albert sigue siendo ese discípulo de Lecoq que con un gesto dice mucho más que con cien palabras. Merece la pena.

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