(II) Wednesday Series The Spanish musical heritage

(II)

  1. The event took place on
Estil Concertant . Estrella Estévez López, soprano. Marisa Esparza, baroque flute. Eduard Martínez, harpsichord

El siglo XVII europeo llama la atención de los historiadores musicales por la irrupción en él de la melodía acompañada, más que por la nueva dimensión que adquiere la polifonía al complicarse en estilos coreados que magnifican la música hasta extremos nunca antes oídos. En España, es esto último lo más llamativo. Se cultivó también la melodía acompañada, obviamente, pero no llegó a cautivar de manera notoria, acaso porque era algo que en la Península Ibérica tenía raíces más antiguas: desde mediados del siglo XVI, la canción solística con acompañamiento fue cosa corriente durante el auge de la vihuela, por ejemplo. No era, pues, nada nuevo en el siglo XVII, aunque sí distinto. Los solos con bajo continuo en tiempos de los Felipes III y IV, tanto los "humanos" o profanos como los "divinos" que se cantaban en las iglesias a guisa de coplas en los villancicos, rehuían toda referencia a lo popular y se ajustaban todavía a patrones modales lejanos a la tonalidad y a sus típicas tensiones.
    Poco a poco asistiremos en el siglo XVIII a un enriquecimiento en el cultivo de la voz solista, sin duda bajo la influencia de las prácticas operísticas italianas (que en ese siglo llegaron pronto a España), y además en diálogo con instrumentos también solistas: violines, oboes, flautas... En la centuria anterior, estos instrumentos, o más bien sus antecesores, imitaban las voces humanas. Los compositores españoles los usan siempre como enriquecimiento tímbrico, como suplencia vocal. Pero en el XVIII vamos a asistir al desarrollo en nuestro país de una retórica en ellos ajena a lo vocal, informada también por lo que se venía cultivando desde antes en Italia y Centroeuropa, que tímidamente va ganando terreno en la Península de la mano de los maestros de capilla hispanos.
    La Iglesia española no era muy proclive a estas innovaciones. Nunca lo fue, lo que constituyó siempre un freno importante para el vuelo de la imaginación creativa de los músicos. Se admitieron los violines en las capillas catedralicias desde el siglo XVII, es cierto. Pero si observamos la manera de tratar su música veremos que operaban como meras voces humanas, con muy poco ornamento adicional. La innovación vino a través de la Corte, a la que se incorporaron notables músicos foráneos, y especialmente a través de la establecida en Cataluña por el pretendiente Carlos III de Austria durante la Guerra de Sucesión contra el joven Felipe V de Borbón. La presencia en Barcelona de italianos de la talla de Caldara enfrentó a los maestros catalanes, y por ende a los levantinos, con las últimas innovaciones lingüístico-musicales de Italia, de las que no dejará de sentirse inmediatamente una profunda huella en nuestras composiciones catedralicias, extendiéndose pronto un nuevo estilo por toda España.
    Esa retórica instrumental nueva, que con tanto ardor quiso combatir el Padre Feijoo en el momento de su implantación como cosa inapropiada para los templos, estaba ya plenamente asumida en las iglesias hispanas al comenzar el tercio central del siglo XVIII. Algunos ejemplos de esa nueva mentalidad retórica la podremos percibir en las obras del valenciano Joaquín García que cierran el programa de este concierto, en comparación con las de sus predecesores levantinos Cabanilles y Pradas.

Joan Baptista Cabanilles (Algemesí, 1664 - Valencia, 1712), llamado también "el Bach español" por la gran calidad de su cuantiosa obra para órgano, comenzó su importante andadura como organista al ser nombrado en 1655 ayudante del de la catedral de Valencia Andrés Peris, al tiempo que realizaba sus estudios eclesiásticos. Al alcanzar el grado de presbítero en 1666 accede al cargo de organista principal de la catedral, por haber fallecido Peris ese mismo año. Asumió entonces todas las funciones del órgano, sin ayudante alguno, y aún las de maestro de los infantillos desde 1675. Sólo en 1704 se le puso un ayudante para aliviar sus trabajos, que desempeñó en la seo valenciana hasta el año de su fallecimiento.
Como compositor, Juan Cabanilles es un inigualable epígono del estilo musical cultivado en España durante el siglo XVII, llevado por él al summum de sus posibilidades. Excusamos tratar aquí sobre la importante producción organística de este maestro, pues lo singular de su presencia en este programa es la ejecución de una de las pocas obras vocales que de él se conservan: el delicado villancico de Corpus El galán que ronda las calles. Obra originalmente escrita para dos partes vocales y bajo continuo, se suple aquí con la flauta, como ocurría  a veces en su época, la parte de una de las voces.

José Pradas (Villahermosa del Río, Castellón, 1689-1757) se formó como infante en la seo valenciana y fue discípulo de Cabanilles, así como de los maestros Ortells y Ollanarte. Desempeñó su primer magisterio de capilla en la iglesia de Algemesí a partir de 1712. Desde 1717 hasta 1728 ocupó igual cargo en la catedral de Castellón, y en este último año se le ofreció sin oposición el magisterio de la seo valenciana, en el que estuvo hasta su jubilación en 1757, retirándose entonces en su pueblo natal, donde falleció dicho año.
Pradas fue un prolífico compositor eclesiástico, cuyas obras vocales con y sin instrumentos representan un punto de inflexión que mira ya hacia los nuevos caminos de la música dieciochesca. Aparte de su producción latina, no sólo compone en castellano villancicos y tonadas, sino también las novedosas cantadas de importación italiana, consistentes en un recitativo y un aria da capo. Pero además, sus obras para voz sola adquieren una nueva expresión que ya nada tiene que ver con el viejo estilo practicado en el siglo anterior. Nos enfrentamos aquí a dos obras suyas de diferente ambientación: una religiosa, Morir es probar dulzuras, articulada en una introducción lenta y un aria más movida, y otra profana, el "solo humano" Oigan al bobo, que se articula en un estribillo introductorio que luego se alterna con coplas, al estilo de los viejos villancicos, que seguirán aún vigentes también a lo largo de toda esta centuria.

Riguroso contemporáneo de Pradas fue Roque Ceruti (Milán, 1688 - Lima, Perú, 1760), un exponente de la música colonial española en el virreinato del Perú. Se trasladó a Lima muy joven, en 1708, en el séquito del nuevo virrey catalán Oms y Santa Pau, de cuya banda de ministriles fue director hasta 1710 en que éste falleció. En esos dos años compuso y dirigió algunas obras lírico-teatrales para la corte de Oms y continuó su labor como maestro de capilla del palacio virreinal con el sucesor de éste. Entre 1721 y 1728 fue maestro de capilla de la catedral de Trujillo, siendo llamado a la de Lima este último año para ocupar dicho cargo por deceso del maestro Torrejón de Velasco. Allí se casó en 1735 y continuó desempeñando su cargo hasta que murió. Admirado por sus contemporáneos peruanos como compositor, fue objeto de amplios elogios a su fallecimiento
Autor de numerosas cantadas para voz sola en castellano, se ofrece aquí la titulada Quién será este arroyo puro, dedicada a la fiesta de la Purísima Concepción de María, que observa la particularidad de su articulación en dos arias de distinto aire precedidas por sendos recitativos. Originalmente es para voz sola con dos violines y bajo continuo, donde el primer violín muestra una retórica autónoma, mientras que el segundo, de ejecución más simple y convencional, se limita a completar con el bajo las armonías. El cémbalo asume en esta versión que hoy se ofrece todo este acompañamiento, mientras que la parte violinística principal ha sido fielmente suplida con la flauta travesera.

Un estadio más avanzado del nuevo estilo aparece manifiesto en la amplísima producción del valenciano Joaquín García (Anna, c.1710 - Las Palmas de Gran Canaria, 1779). Iniciado en la música probablemente en la colegial de Játiva, cercana a su pueblo natal, no fue ajeno a las corrientes italianizantes que cultivaron los grandes músicos levantinos que le precedieron, pero tampoco al casticismo españolista, que supo llevar también a su obra religiosa. Contratado en Madrid para trasladarse a Canarias en 1734, se hizo cargo de la capilla musical de la catedral de Las Palmas, donde su nuevo lenguaje musical causó el asombro general y el rechazo de los viejos cantores e instrumentistas. No obstante, se impuso e implantó el nuevo estilo sin ceder un ápice. Se casó con una dama notable de la población y permaneció en Gran Canaria hasta el fin de sus días, dejando al fallecer casi seiscientas obras musicales compuestas, todas ellas de gran calidad.
En García se conjugan la soltura italianizante con la gracia españolista. Es autor no sólo de villancicos al estilo tradicional, sino también de deliciosas tonadas a voz sola y a dúo, así como de cantadas articuladas en recitativos, arias y finales graves. Se ofrecen al final de este programa tres obras suyas bien distintas: la tonada Ah del rebaño, para voz sola con violín (aquí  flauta) y bajo continuo, la cantada Atención que hoy empieza, para voz sola, violonchelo obligado y bajo continuo (ambas partes asumidas hoy por el cémbalo), y el villancico de Corpus ¿Quién ha visto cosecha...?, para voz de tiple, un instrumento tiple (violín, oboe o flauta) y bajo continuo.

Este repertorio cantado aparece contrastado con dos obras puramente instrumentales y algo más tardías del siglo XVIII español, que nos muestran bien a las claras cómo la música profana instrumental iba más allá de lo que se hacía en la iglesia, y cómo los maestros españoles estaban interesados por los progresos del arte musical europeo sin renunciar a un lenguaje propio, que en el caso del Padre Soler es muy patente.

Juan Oliver y Astorga (Yecla, Murcia, 1733 - Madrid, 1830). Compositor muy longevo, fue uno de los primeros violinistas españoles que probó fortuna fuera de España, pues se le localiza ya en 1765 como virtuoso de violín que ofrece un concierto en Frankfurt. Se trasladó muy poco después a Londres, donde estuvo varios años y donde publicó varios cuadernos de obras instrumentales: sonatas para violín y para flauta, dúos de flautas con bajo continuo, tríos de cuerda, etc. En 1776 recaló por Madrid y fue contratado como violinista de la Capilla Real, donde permaneció hasta su muy tardía jubilación. En la década de los noventa era llamado regularmente a la cámara de Carlos IV para participar en sus sesiones de música de cámara, donde también acudían Brunetti, Boccherini, etc. De Oliver se ofrece aquí su sonata en tres movimientos para flauta travesera (o eventualmente violín) incluida en su Op. 1 editada en Londres en 1767, en la que se aprecia la búsqueda formal que imbuía a los cultivadores de la música instrumental en aquel entonces para articular sus obras (formas internas pre-sonata y articulación general en movimientos contrastantes, todavía sin renunciar al movimiento de carácter proveniente del mundo de la danza que es el minué).

El P. Antonio Soler (Olot, Gerona, 1729 - El Escorial, Madrid, 1783). Se formó musicalmente en la escolanía del Monasterio de Montserrat, pasando en 1750 a desempeñar el magisterio de capilla de la catedral de Lérida. En 1752 se trasladó al Escorial, donde profesó como monje, desempeñando diferentes funciones musicales en el monasterio, especialmente la de organista. Su talento creador, seguidor de las pautas del clavecinista de la corte española Domenico Scarlatti (fallecido en Madrid en 1758), le granjeó gran fama, siendo maestro particular de música y tecla del infante don Gabriel. Fue autor asimismo de una ingente obra vocal. Pero son sus numerosas sonatas para tecla,  las que le han inmortalizado, pues rezuman una gracia  y un españolismo verdaderamente singular. Cabe resaltar que los clavecinistas españoles de aquella época articulaban sus obras mayoritariamente en un solo movimiento, mientras que los instrumentistas de arco o de viento seguían modelos italianos y centroeuropeos que apuntaban a organizaciones más complejas, como es el caso de Oliver.

Lothar Siemens Hernández

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TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS
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J. B. Cabanilles

El galán que ronda las calles
    El galán que ronda las calles, / que enamoradito está.
Que si no se retira, / él enfermará, / él peligrará.
Le matará el amor, / el amor le matará.
    Valentón que vais embozado, / si pensáis que no os han visto
advertid que ya os conozco. / ¿Quién sois vos, Cuerpo de Cristo?
Con la fe os he descubierto / y no quiero más testigos,
que se que, por defenderos, / hecho habeis un voto a Cristo.
Alto sois en el pensar, / pues con ser quien sois, divino,
con decir un no se qué / os pasais a ser divino


J. Pradas
Morir es probar dulzuras
    Morir es probar dulzuras, / dulzuras de amor,
no es golpe o rigor / vivir de espirar,
ni es muerte encontrar / más luz y esplendor.
    Oh! Hermosa María / Oh! Aurora del día / que feliz fallece
cuando con más creces / se admira tu ardor.


Oigan al bobo
    Oigan al bobo, / cómo babea / diciendo que llora / que gime y que pena,
y aún por eso, / por trago querría, / qué bobería, / a mi belleza,
fiado en que sabe / hacer de poeta / hacer cuatro coplas / a Gila o a Menga.
    Con su amor y mi desdicha / quiere que viva contenta,
que bobería / y no considera
que no puede estar pagada / quien no vive satisfecha.


Quién será este arroyo puro
    De aquel inmenso mar interminable, / bello arroyuelo puro se deslizo,
y en el ruido de perlos que autoriza, / hasta el terso murmureo es inefable
mas que mucho, si al impetu luciente / en su cristal la gracia es la corriente.
    Quién será este arroyo puro, / que con peregrinos modos
hoy que nace como todos / trae origen tan celestial.
Quién será el que del oscuro / valle riega la ribera
y pasando por su esfera / no toca tierra letal.
    Mas quién, sino el espejo de belleza / que solo en sí retrata la pureza;
pues para hacer feliz su jerarquía / aun las aguas apelan de Marías
y es que ellas de su instante puro, y raro, / con lengua de cristal hablan más claro.
    Corra pues aun en cauce de humano / puro arroyo que es tan soberano
para hacernos patente el favor. / Si su espejo en su luz reflectido
hoy se advierte que se ha concebido / sin la mancha de mísero horror


Atención que hoy empieza
    Atención, que hoy empieza / en la conquista amor de corazones
a vibrar sus rayos, sus harpones / y quién podrá resistirse a una fineza.
Ríndase, pues, a tan dulce guerra / cuanto en su ámbito encierra cielo y tierra.
    En blando rumor / que alegre el confín,
resuene el clarín, / repita el tambor.
Que hoy triunfa el amor, / sin fin hasta el fín
Que inmenso favor, / que hoy triunfa el amor sin fin.
    Más ay!, valor divino, ay! fineza suprema,
quién al paso que estimarla / supiera agradecerla.


Ah del rebaño...
    ¡Ah del rebaño , / ¡Ala! Digo, ¡Ala! Digo,
pastor soberano / ¡qué amante, qué fino!,
cuida de tus ovejas / con dulces caricias / con tiernos cariños.
    A tu rebaño llega, / pastor amante
la ovejilla que quiere / que Dios la guarde:
cuenta con ella / que ha de ser la alegría / de tus ovejas.
    Pues de pasto del alma / haces alarde
en tu gracia perenne / la fe se abrase:
ay, que se quema / en la hoguera divina / de aquella oblea.
    Como simple ovejuela / quiere anegarse
en el río celeste / de tus disfraces:
ansiosa llega / a beber en la fuente / de tus finezas.


Quien ha visto cosecha
    ¿Quién ha visto cosecha / de tanto colmo?
Pues ha dado una espiga: / pan para todos.
Oh campo hermoso, / cifre sagrada de inmensos gozos,
en donde cada grano / vale un tesoro.
¿Quién ha visto cosecha de tanto colmo?
    Este campo es de un dueño / que, misterioso,
sembró Dios humanado / para su logro.
Labrador es su Padre, / con que es muy propio
que en el pan manifieste / lo poderoso.

      1. Juan Bautista Cabanilles (1644-1712)
      1. El galán que ronda las calles, al Santísimo Sacramento
      1. Juan Oliver (1733-1830)
      1. Sonata en Sol mayor, para flauta travesera y bajo (arreglo de Lothar Siemens
      1. José Pradas (1689-1757)
      1. Morir es probar dulzuras
      2. Oigan al bobo
      1. Roque Ceruti (1688-1760)
      1. Quién será este arroyo puro, a la Purísima Concepción
      1. Antonio Soler (1729-1783)
      1. Sonata para clave en Re menor
      1. Joaquín García (1710-1779)
      1. Atención, que hoy empieza..., al Santísimo Sacramento
      2. Ah del rebaño..., tonada al Santísimo Sacramento
      3. Quien ha visto cosecha..., al Santísimo Sacramento