2/4 Wednesday Series Music for a Matisse exhibition

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  1. The event took place on
Ensemble Matisse

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SEGUNDO CONCIERTO
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Trío para piano, oboe y fagot, de F. Poulenc

Las estancias parisinas de Manuel de Falla anudaron lazos muy firmes con la música francesa que permanecerían para siempre y que se mantendrían con un intercambio epistolar durante su reclusión granadina. Esta amistad no sólo fue con los compositores de su generación o de las anteriores, como Debussy, Dukas o Strawinsky, sino también con los más jóvenes. Entre estos últimos se contaba Francis Poulenc que sentía una profunda admiración por Falla, correspondida por el músico gaditano. Producto de esa admiración será la dedicatoria que Poulenc hace a Falla del Trío para piano, oboe y fagot que compone en 1926. Es en realidad una de sus más hermosas obras camerísticas, demostrativa una vez más del interés que mostraba hacia los instrumentos de viento. Poulenc la compone de un tirón durante una estancia en Cannes en el verano de ese año.
Jean Roy afirma que las principales características de la obra son la espontaneidad y la claridad, cosa que es cierta, pero no lo es menos que Poulenc intenta un ejercicio formal muy estricto para responder a los que le acusaban de no ocuparse de la forma. Incluso en una entrevista con Claude Rostand revela su "secreto": el primer movimiento tomaría la forma de una allegro de Haydn mientras que el rondó final tendría como modelo la forma del scherzo del Concierto para piano n.2 de Saint-Säens. Poulenc añadía que esta manera de proceder se la había aconsejado Ravel y que éste la practicaba mucho, algo que no se suele decir habitualmente y que introduce un interesantísimo caso de intertextualidad en la obra raveliana y, por supuesto, en la de Poulenc.
La obra comienza con una breve introducción lenta (atención al modelo haydniano) a la que sigue el Presto ligero y muy aireado en una forma sonata tan estricta como personalmente organizada. El Andante posee esa melancolía que es tan frecuente en el Poulenc que pasa por ligero y su tema melódico es expuesto por el piano, respondido por oboe y fagot, tras lo que se establece un diálogo muy sutilmente elaborado. El Rondó tiene una gran vivacidad y un tono scherzante. En toda la obra, el piano desarrolla un papel preponderante pero los vientos no son simples acompañantes y contribuyen a esa sensación de equilibrio, proporciones y mezcla de lirismo y sarcasmo que constituyen los elementos más generales de la obra de cámara de su autor.

Sonata para flauta, oboe, clarinete y piano, de D. Milhaud
La obra camerística de Darius Milhaud es extensísima y abarca formaciones de los más diversos tipos, desde el tradicional cuarteto de cuerda, de los que escribió nada menos que dieciocho, algunos de ellos de excepcional calidad, hasta las combinaciones más infrecuentes entre las que no faltan, como es característica de la música francesa, y más aún del Grupo de los Seis, los instrumentos de viento.
La presente obra es bastante temprana en el catálogo del autor y, aunque lleve el título de Sonata es un verdadero cuarteto en forma de suite. Milhaud la compone en 1918, inmediatamente después del Cuarteto n.4 e inmediatamente antes que el ballet El hombre y su deseo, sobre argumento de Paul Claudel, que le habían encargado los Ballets Suecos. La Sonata no se estrenaría hasta tres años después, en 1921 y lo sería en la ciudad alemana de Wiesbaden.
Nos hallamos ante el primer Milhaud, versátil, experimental y también desenfadado que aborda la modernidad de su época desde un sentido desenfadado, ornamental y algo feroz que lo emparenta directamente con el fauvismo de Matisse en una obra que se caracteriza por su fuerza expresiva, sus contrastes y su expresividad. Al contrario que en la anterior obra de Poulenc, la preeminencia es aquí de los vientos y no del piano aunque este tampoco sea un simple acompañante.
El Tranquille inicial es básicamente lírico y de carácter pastoral y está construido sobre líneas independientes de los vientos que organizan una compleja polirritmia tras la que la pieza vuelve a la idílica calma inicial. El Joyeux muestra una absoluto dominio de la flauta que lidera el movimiento con líneas caprichosas que acaban por establecer un canto de gran nobleza. El Emporté es el movimiento más característico del Milhaud vanguardista con su apasionamiento y sus erizadas fricciones sobre unas armonías muy de bloques compactos de las que salen verdaderas explosiones de los vientos en movimientos vertiginosos. Finalmente la obra concluye con el Douloureux que es un movimiento más expresivo con sus cantos del oboe que salen de un inicio que, según Paul Collaer, es como una marcha fúnebre en los acordes del piano.

Quinteto para instrumentos de viento (Madeleine), de D. Milhaud
La obra camerística de Milhaud exhibe varios quintetos de los cuales cinco son para instrumentos de cuerda. Pero también practicó en dos ocasiones el quinteto de viento en su formación clásica. La primera vez fue con una obra que se hizo célebre, La cheminée du roi René op. 205 que compusiera en Suiza en 1939 pero que estrenó en el Mills College el 5 de Marzo de 1941 con el Quinteto de Viento de San Francisco que la expandiría por todo el mundo.
En realidad, este primer quinteto, aunque llevaba la formación clásica del quinteto de viento era una suite y Milhaud dudó mucho hasta que se decidió a abordar otro, cosa que no le solía suceder a quien tan extenso catálogo tiene. Pero, tal vez la inesperada difusión que obtuviera la obra anterior le hacía temer que otra más formal no sería recibida con tanto alborozo. De hecho, Milhaud esperó casi hasta el fin de su vida y el nuevo quinteto quedaría además unido al adiós y a las circunstancias más tristes. En el catálogo de su autor figura como op. 443. El Quinteto es de 1973, poco menos de un año anterior a la muerte del propio Milhaud (ocurrida el 22 de Junio de 1974 en Ginebra) y el compositor sólo terminaría después una cantata titulada Ani maamim, sobre texto de Elie Wiesel , encargada por el estado de Israel.
El Quinteto lleva el nombre de Madeleine. Esta Madeleine no es otra que Madeleine Milhaud, su prima, con la que se había casado en 1925 y con la que, según cuenta en sus memorias, vivió una vida feliz hasta que ella le precediera por muy poco en la despedida final. No es de extrañar así que la obra se haya descrito como sombría, cosa que en realidad no es. Sí es en cambio una música muy esencial, con esa sabia austeridad de las obras terminales de tantos compositores geniales. Incluso comienza con un Gai, un movimiento alegre en el que tal vez Milhaud evoca los años de felicidad aunque no haga realmente muchas concesiones. El Lent es más nostálgico y lírico aunque igualmente despojado y el Allègre final se diría como un retrato sonoro de la persona evocada. Discreción, cierta alegre severidad y un esencialismo  aquilatado son las cualidades más notorias de una obra que sale de la propia intimidad de Milhaud convertida en música pura.


Sexteto, de F. Poulenc
Toda la vida compositiva de Poulenc está jalonada por obras camerísticas para instrumentos de viento. Quizá la más ambiciosa sea el Sexteto que se sitúa un poco a mitad de toda esta producción. Poulenc lo esbozó, en realidad lo terminó, en 1932 pero lo dejó reposar unos años aunque he localizado una audición radiofónica que la BBC realizó el 5 de Julio de 1933 con el propio Poulenc al piano, si bien no deja de ser curioso que en ninguna parte se constate un estreno anterior a este evento ni ninguna versión posterior. Sí sabemos en cambio que Poulenc dedicó buen parte de 1939 a rehacer la obra y que incluso en 1940 realizó algunos retoques. El estreno, que es el que se da oficialmente para esta obra, tuvo lugar en la Sala Chopin de París el 9 de Diciembre de 1940 dentro de un concierto de la Asociación Musical Contemporánea a cargo del Quinteto de Viento de París.
Nos hallamos ante una de las obras más ambiciosa, complejas y dilatadas de cuantas Poulenc escribiera en el terreno de la música de cámara. Los instrumentos del quinteto de viento pueden explayarse de la manera más amplia y expresiva mientras que el piano guarda las características de claridad y precisión propias del autor y combina perfectamente con el mundo complejo de los vientos. El Allegro vivace inicial es un primer tiempo de sonata lleno de equilibrio de gran sentido del desarrollo aunque en esta ocasión Poulenc no nos revele si ha seguido usando el consejo raveliano y cuál sea esta vez el modelo. Hay que hacer notar la pericia con que los temas pasan, modulan y se desarrollan de un instrumento a otro y como se entreveran unos con otros en una cierta complejidad formal que da amplitud al movimiento. Muy libre, pero también de una gran calidad poética y un notable aliento lírico es el Divertissement central. El Prestísimo final es un vertiginoso rondó virtuoso y enérgico en el que desfilan como apariciones fugaces algunos de los motivos del primer movimiento.
La obra resulta hoy equilibrada, ambiciosa y llena de fantasía melódica y riqueza de color. Por eso sorprende que en su momento recibiera ciertas críticas que han permanecido como un tópico: exceso de material, exceso de longitud, exceso de variedad. Pero, con oídos de hoy, nada de eso aparece sino la fuerza y vitalidad de una obra llena de atractivo que sale de la pluma certera de un maestro en plena madurez y con total posesión de sus medios estructurales y expresivos.
Tomás Marco

  1. I
      1. Francis Poulenc (1899-1963)
      1. Trío, para oboe, fagot y piano
      1. Darius Milhaud (1892-1974)
      1. Sonata para flauta, oboe, clarinete y piano
  2. II
      1. Darius Milhaud
      1. Quinteto para instrumentos de viento (Madeleine)
      1. Francis Poulenc
      1. Sexteto, para piano, flauta, oboe, clarinete, trompa y fagot